Calatrava, un abuso

Sigue mudo. El prestigioso arquitecto Santiago Calatrava debe estar riéndose de todos nosotros, disfrutando de la «montoná» de pasta que nos ha sableado a todos los valencianos. Es verdad que nos dejamos a través de nuestros representantes, que aceptaron darle algo más del 13 por ciento de la facturación -de 1.200 millones de euros corresponden 150 millones de euros, o lo que es lo mismo, 25.000 millones de las antiguas pesetas- mientras que en el resto del mundo cobraba entre el 4 y el 6 por ciento. En mi pueblo lo llaman «chulear».

Reconozco que su obra ha lanzado internacionalmente a Valencia, pero ha sido sobradamente correspondido. Por ello, no nos merecemos que sus dos últimas realizaciones -Palau de les Arts y Ágora- contengan tales chapuzas. No es de recibo que los 400 millones de euros que costó el primero, de los que se llevó más de 50 según los porcentajes citados, sirvieran para experimentar sobre ellos ejecutando un sistema de colocación de «trencadís» que jamás había utilizado, una circunstancia que debería causarle responsabilidad, a él y a su bolsillo.

Él ha cobrado y ahora veremos quién paga sus desatinos. Me lo imagino: nosotros los valencianos, para vergüenza nuestra. Y estamos refiriéndonos a una construcción que ha presentado problemas desde el comienzo (lavabos, sonoridad de la sala principal y ahora el recubrimiento).

Lo publicamos en este periódico. Según los expertos, la única solución es arrancar toda la superficie de «trencadís». Como escribí hace unos meses ¿hasta cuándo Calatrava? Así es la vida.