Censores y chimpancés

Ni lo uno ni lo otro. ¡Ay, la izquierda! Es una ocurrencia penosa o en el mejor de los casos, una afirmación troglodítica sostener que el Gobierno de Rajoy quiere aprovechar un crimen desgraciado y miserable para poner al pie del cañón en las redes sociales a un Ejército de censores (¡qué dislate!).

Pero es igualmente absurdo y temerario y contrario a los marcos que regulan la convivencia entender que Twitter, Facebook y otras plataformas virtuales deben ser una jungla poblada por chimpancés que no sólo protagonicen animaladas, sino que puedan entregarse impunemente a las amenazas de muerte o la justificación del delito o la apología del ajusticiamiento por la espalda y el tiro de gracia para rematar a una víctima.

Pero, ¡¿es que nos hemos vuelto locos?! La propuesta que se verbaliza desde el Ministerio del Interior está formulada desde la más estricta lógica democrática. ¡Qué va! ¿Cómo la persecución de acciones que violentan ya de hecho el Código Penal va a ser una cortapisa en el derecho a la libertad de expresión?

¿Pero es que determinados personajes del PSOE o Izquierda Unida no saben sobradamente (por no hablar de otros voceros y agitadores antisistema) que incluso los derechos fundamentales, como los que recoge, ampara y protege el artículo 20 de la Constitución, tienen sus límites? Y si lo saben, ¿están prevaricando? ¿Están en el todo vale contra el Partido Popular?

Ilustres cabezas pensantes de la izquierda política social y mediática, relean a un viejo compatriota llamado Pedro y apellidado Calderón de la Barca: «Hay delitos tales, que atentas las leyes los dejaron sin pronunciarles sentencia, por no prevenir que habría quien los cometiese». ¿Se entiende?