Circo de tres pistas

Bárcenas ha hablado ante el fiscal para decir lo mismo que ya había dicho ante los micrófonos, y que, por lo visto, es justo lo contrario de lo declarado, delante del mismo juez, por su ex abogado Trías.

En el PP mientras tanto, el ambiente es de tranquilidad: no están nerviosos pero sí preocupados por la trascendencia que todo este tinglado está teniendo entre los ciudadanos en general y sus votantes en particular. La auditoría interna, está en marcha; la externa –el lunes hubo reunión sobre el tema– sigue pendiente de que se decida qué empresa, libre de cualquier tipo de sospecha de amiguismo, la va a llevar a cabo, pero se supone que será inminente, porque a los populares les va mucho en ello.

Sea como fuere, el daño está hecho. Los ciudadanos, agobiados por la crisis, somos más críticos que nunca y ya nos hemos erigido en Torquemadas, ávidos de ver entre rejas a quien supuestamente se enriquece mientras los demás pasamos las de San Quintín. En este sentido, Bárcenas es tan culpable como el que más de aportar su granito –o tonelada– de arena a la inestabilidad de un país que se tambalea como cáscara de nuez en las cataratas Victoria. Su presunta implicación en la «Gürtel», sus cuentas bancarias inauditas y su intento de regularizarlas con triquiñuelas de trilero han sido definitivas. Ahora a ver quién es el guapo que endereza esto. El circo romano quiere sangre, y en un panorama en el que «Luis el cabrón» acapara portadas, el Gobierno andaluz está presuntamente implicado en la sisa de 72 millones de euros a los parados y el secretario general de Convergencia está a punto de ser imputado por llevarse de calle el negocio de las ITV, la política, es en estos momentos, un circo de tres pistas.