Cuestión de egos

Florentino Pérez ha sido y es un gran presidente del Real Madrid. Recogió un club en ruinas, vendió la herencia del abuelo, don Santiago, levantó la ciudad deportiva de Valdebebas, remodeló el Bernabéu y llevó al club a la cima económica del fútbol. La batalla que ha perdido más de una vez ha sido la de los egos. Su teoría sobre «Zidanes y Pavones», que desgraciadamente con el tiempo ha quedado sólo para «Zidanes», le impulsó a sostener la teoría de que el Madrid es el club en el que deben jugar los mejores del mundo. Y en esa batalla consumió horas, esfuerzos y consiguió contrataciones estelares. No todas las figuras que han pasado por el Bernabéu han sido ejemplarizantes. No todas han sabido tener actitud solidaria dentro del vestuario. Lo que no había existido en el club es que de la mano del entrenador haya llegado la prepotencia, las actitudes dictatoriales, los malos modos en el interior y el exterior, las constantes polémicas y, sobre todo, el mal ambiente en la plantilla.

Florentino no quiere creer en que los futbolistas estén hartos de Mourinho. No dudo de que dijo la verdad cuando afirmó que los capitanes no le habían pedido ese día que echara al entrenador. Pero sabe que ese deseo existe. Los futbolistas han agradecido los últimos actos del presidente, como el de presentarse en el Palacio de Deportes a apoyar a Iker Casillas en una función benéfica cuando había sido humillado por Mourinho. Y ello ya no basta. Me temo que incluso eliminando al Barcelona en la Copa del Rey.

Posdata. Diego López, fichaje acertado. Mourinho tiene ahora su oportunidad.