De colorines

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Me equivoqué en las elecciones municipales. No voté a Carmena. No veía en ella cualidades para ser la alcaldesa de Madrid. He cambiado. Poco a poco se ha hecho con el timón y domina la gran metrópoli. Cuando las elecciones, mi amigo el doctor y poeta Francisco Loredo me envió un epigrama agudo y nada optimista. «Con aires de comadrona/ nos gobernará Carmena/ ayudada por Carmona./ ¡Qué país, Miquelarena!». En aquella época, compartí el pesimismo con el doctor-poeta, pero el tiempo pone las cosas en su sitio. Y cuando supe que ¡al fin! los pasos de cebra de las calles de Madrid iban a ser pintadas de colorines en honor del «Orgullo Gay», mi animadversión ha abierto el camino a la admiración más profunda.

En Madrid, el dinero sobra. Se ha destinado una importante cantidad para celebrar la orgullosa semana de la homosexualidad, la transexualidad y la sensisexualidad. Es cuestión de suerte. En Madrid reciben el dinero que merecen y les pintan en su honor los pasos de cebra de colorines, y en Teherán los cuelgan de lo alto de las grúas. Con dinero de Teherán han conseguido los socios de Carmena, gracias a «La Tuerka», obtener tan óptimos resultados. Y Carmena, que es una gran estadista, ha decidido olvidar el trato que se les dispensa en la nación amiga de Podemos a los homosexuales, financiándoles su fiesta. Y como el dinero sobra, los aburridos pasos de cebra de las calles de Madrid se van a convertir, en los próximos días, en cajas de lápices «Caran D´Ache», que son las más surtidas de colores divertidísimos. No para siempre, porque como el dinero sobra, los efectivos del Ayuntamiento los borrarán después de los festolines, lo que supone multiplicar por dos el presupuesto, que ya era hora de que el dinero público se empleara en inversiones fundamentales y solidarias.

Pero no hay medida oportuna e inteligente que contente a todos. Policías y asociaciones de automovilistas han advertido que los pasos de cebra pintados de colorines son ilegales, y que el Reglamento de Circulación del Ayuntamiento de Madrid prohíbe cualquier tono que no sea el blanco. Es decir, que quedarán ideales de monas pero dejarán de ser señales de tráfico, y por ende, los automovilistas tendrán pleno derecho a no respetar los pasos de cebra en technicolor, con todos los riesgos que esa falta de respeto conlleva al alegre ajetreo de la semana «gay». Si Manolo se halla en la acera del Parque del Retiro y advierte que al otro lado del paso de cebra está Damián Jesús, su prometido, Manolo podrá cruzar la calle para abrazar a Damián Jesús siempre que el paso de cebra sea el reglamentado. En tal caso, los automóviles se detendrán y Manolo y Damián Jesús podrán besarse sin peligro alguno. Pero si el paso de cebra es de colorines, y ha dejado por ello de ser un paso de cebra, y Manolo o Damián Jesús cruzan la calle de Alcalá convencidos de su inmunidad peatonal, podrán ser arrollados por un coche o un taxi cuyos conductores ignoren que las cebras, de golpe y sin aviso, han cambiado el blanco de sus rayas por el morado, el lila, el naranja, el amarillo, el verde clarito, el verde reventón, el azul celeste, el azul oscuro, el rosa delicioso, el rojo discreto y el rojísimo modelo clavel. En tal caso, ¿quién será el responsable del desagradable incidente? El Ayuntamiento de Madrid por saltarse sus propias normas.

Tengo la esperanza de que los diferentes organismos municipales alcancen un rápido acuerdo y pueda ser culminada la extraordinaria idea de la alcaldesa de Madrid, a la que ofrezco desde aquí mi buena disposición para pintar los pasos de cebra, siempre que sea compensado con la lógica remuneración. Para pintarlos y despintarlos posteriormente, como es obvio y conveniente. Se va a quedar Madrid precioso, chupi-chupón, que ya es hora de que el Gobierno municipal se tome las cosas en serio cuando la abrumadora demanda ciudadana así lo exige. Y Manolo y Damián Jesús, mucho cuidadito, que la gente al volante es muy suya, malhumorada, malota y brutota.

Carmena me ha convencido.