Desde el principio

Cuesta entender por qué nos gusta hacer tanto las cosas a medias cuando sería mucho más sencillo y barato hacerlas bien desde el principio y de una vez por todas. En el caso del tabaco, parece que nuestros queridos responsables políticos tienen una especial predilección por tomar decisiones cogidas con alfileres, que lejos de resolver los problemas crean muchos nuevos y que no sólo no contentan a nadie sino que cabrean a todos. Todos recordamos el circo que montaron para exigir a los establecimientos adecuar sus instalaciones con zonas para fumadores y no fumadores, y cuando los restauradores ya se habían gastado un dinero en poner las mamparas para acondicionar el recinto, justo en ese momento, ni antes ni después, deciden los de siempre que eso no servía para nada, que el desembolso económico realizado les importaba un bledo y que había que hacer una ley. Nuestros políticos tienen especial afición por demostrar que legislan y gobiernan a bandazos, improvisando, dando palos de ciego y probando un día una cosa y al día siguiente la contraria. Ahora toca el cigarrillo electrónico. Quieren prohibir su uso en lugares públicos porque este fenómeno no resulta inocuo, es decir, que no es precisamente bueno para la salud. Cualquiera con un mínimo de sentido común y sin necesidad de tener muchos estudios puede preguntarse: ¿Y por qué no lo han estudiado antes? ¿No analizan y prueban los medicamentos antes de comercializarlos? ¿Cómo se permite poner en circulación un producto que carece de una normativa de uso? ¿Ahora se dan cuenta de que llevan sustancias que pueden ser tóxicas para la salud? Si hicieran lo que debían desde el principio, luego no tendrían que prohibir nada. Pero eso sería demasiado pedir.