Echando horas

Que la educación es algo que flojea en España lo vemos y sufrimos a diario en todos los ámbitos de la vida. Y resulta preocupante si tenemos en cuenta que la educación es la base de todo, los pilares del edificio que levantaremos en un futuro y bajo cuyo techo viviremos. Desde hace años, estamos a la cola en cuanto a resultados académicos. Sinceramente no creo que nuestro desastroso nivel educativo se deba a que los profesores españoles trabajen una hora menos a la semana que el resto de docentes como acaba de reflejar un estudio. Confío más en la calidad de las horas de trabajo que en el número, salvo casos muy contados y justificados. Lo que está claro es que el resultado no es positivo, y en esa ecuación de fracaso tienen que ver muchas variables, no sólo los estudiantes. Los profesores también tiene su cuota de responsabilidad. Se quejan de que su labor no es reconocida. Olvidan que eso también hay que ganárselo, de lo contrario, suena a la misma monserga empleada por los alumnos cuando aseguran que suspenden porque el profesor les tiene manía.

En esa ecuación tampoco podemos olvidar a los políticos, empeñados en demostrar lo mucho que faltaron a clase al presumir orgullosos de su desprecio por la cultura y la educación. Especialmente llamativo es la perra que les entra a todos por cambiar los planes de estudio cada vez que llega un ministro nuevo, que parece que se lo paguen a parte, y así no hay manera de que cuaje ningún plan educativo serio y continuado. Para ser político también habría que estudiar. Y no sólo echando horas.