El castillo de naipes

La «califa» del socialismo andaluz está comprobando que la realidad es como es, no como quisiéramos que fuera. O Susana Díaz acelera el proceso de que sus prebostes correligionarios la reclamen para sustituir a Rubalcaba o se verá en la disyuntiva de tener que dar ella el paso al frente, como alguno ya le reclama. La aceleración de los acontecimientos pueden impedir lo ideado: recibir el reclamo generalizado del partido para que, de esta forma, justifique ante la militancia de su Comunidad el traslado y el abandono de la presidencia.

La operación se ha puesto en marcha. Son ya demasiados los secretarios generales regionales que le apoyan para liderar la organización en esta nueva etapa. El pistoletazo de salida se ha dado y la lógica indica que será muy complicado enfrentarse a ella con posibilidades. Da igual el sistema: delegados o un militante, un voto. Dirige la primera Federación de largo, representa juventud y novedad, la de más votos en las elecciones europeas y, por lo que se ve, concita apoyos a la carrera, más que cualquier otro. Como decimos en la ribera navarra, «no hay quien pueda...».

Eso sí, los resultados del domingo han causado estragos en el PSOE, hasta el punto que la convulsión, lejos de amainar, se hace más turbulenta conforme pasan los días. Tanta, que hasta distorsionaron las ideas de su secretario general, Pérez Rubalcaba, quien convirtió en torpeza toda esa sabiduría que se le imputaba a la hora de elaborar estrategias y tácticas. Su proyecto lampedusiano (que todo cambie para que todo siga igual) tiene trazas de venirse abajo cual castillo de naipes.

De cualquier forma, le prometí ayer a mi amigo Rogelio que plasmaría su preferencia. Apuesta como solución más segura y eficaz por Pedro Sánchez, con un currículum personal sobresaliente. Así es la vida.