El Día de Europa

Cuando escribo esta columna se está celebrando el llamado Día de Europa, fiesta en las Instituciones de la Unión Europea (UE) y tan sólo en ellas, otro privilegio más de los funcionarios comunitarios, que forman una casta aparte de la del resto de ciudadanos europeos, a pesar de que somos estos últimos los que pagamos sus sueldos y demás prebendas. Quizás el hecho de que no sea fiesta para todos contribuya a que esta conmemoración pase desapercibida. Estoy seguro de que, si se hiciese una encuesta en España y se preguntase cuándo se celebra el Día de Europa, cerca del 99 por ciento de los interrogados no sabrían, ni que existe, ni, por supuesto, el día concreto. Este año la casualidad ha querido que coincida con la primera jornada de la campaña electoral al Parlamento Europeo, aunque, según los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), sólo el 16,9 por ciento de los entrevistados en España sabe que el 25 de mayo se celebran los comicios para elegir a los eurodiputados. Estamos ante otro grupo incluido dentro de la casta europea, a la que una buena parte de los ciudadanos asocia con privilegios como sueldos elevados, escasos impuestos, poco trabajo, jubilaciones millonarias y dietas generosas. Algo se estará haciendo mal desde las Instituciones de la UE para que exista esa imagen y para que el Parlamento Europeo sea un gran desconocido y pocos sepan el enorme poder que tiene sobre nuestras vidas desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa. Resulta indignante, por ser suave, que sus responsables no hayan sido capaces de explicarlo y de montar una campaña institucional de comunicación de cara a estas elecciones. ¿Para qué complicarse la vida? Luego querrán que los ciudadanos vayan a votar.