El fútbol, Brasil y España

El pasado lunes, uno de los periodistas deportivos más importantes de España, me decía que Brasil se iba a ver favorecida por los arbitrajes. Y así ha sido, por lo menos en el primer partido, a tenor de lo que dicen los expertos, entre los que no me encuentro; ni siquiera me puedo considerar aficionado al llamado «deporte rey», pero está claro que hay determinados acontecimientos (un Mundial o una final como la que jugaron los dos equipos de Madrid) a los que uno no puede escapar. Argumentaba mi amigo «Edu» que, tal y como están las cosas en el país anfitrión, se necesita que la selección carioca, independientemente de su calidad, que nadie pone en duda, llegue lo más lejos posible; me decía también que la FIFA estaba aterrorizada ante la posibilidad, harto improbable, de que los brasileños cayesen a las primeras de cambio, lo que haría que perdiesen el interés por el mundial y que aumentase la crispación y las protestas sociales. «Para evitar eso, ya verás como los arbitrajes favorecen a Brasil», sentenció. El desarrollo del campeonato dirá si tiene razón, o no; de momento, después de lo sucedido en el primer partido hay que dársela. Ayer debutó España en Salvador de Bahía, ciudad preciosa por otro lado, aunque su aeropuerto refleja lo que sucede en gran parte del país con las infraestructuras del Mundial: que los ha pillado el toro y que se encuentran a medias. Cuentan los que han hablado estas últimas horas con los jugadores españoles que están muy ilusionados y que quieren pasar a la historia por ser la única selección que ha ganado dos campeonatos europeos seguidos y dos mundiales consecutivos. ¡Ojalá sea así!