El fútbol del recreo

La Razón
La RazónLa Razón

Osasuna es un equipo tan irreconocible, tan flojo y por todo ello tan de Segunda, que Mascherano, siete temporadas en el Camp Nou, le marcó el primer gol de su vida con la camiseta azulgrana. Superior, avasallador, abusón, al Barça no le tembló el pulso por ser líder y reforzó su posición con un 7-1 inapelable y sin Messi, relevado tras hacer dos goles, después de una hora.

A continuación, el Dépor-Madrid. Presión para el segundo, acostumbrado a la primera plaza y desahuciado de la atalaya precisamente en su campo. No ha resistido el «escrache» barcelonista y de él depende superar el trance. Tiene plantilla para eso y más. Y el comodín contra el Celta. Con nueve cambios en Riazor, los cielos se abrieron cuando antes de cumplirse el minuto Morata hizo el 0-1 con rabia. Más que un gol fue un trampolín reivindicativo.

El equipo B, por así llamarlo, es más coral que el A, más participativo, más combinativo, también menos dependiente de la figura, y menos peligroso porque hay registros que dominan mejor los veteranos. Es el oficio. Pero destila clase, de ahí el 0-2, tras un eslalon de Kovacic que remató James. Desbordado el Deportivo, que en su casa venció al Barça (2-1) y empató con el Atlético (1-1), Isco se apoderó del partido y empezó a repartir champán. Morata falló el tercero y el error pasó factura. Las burbujas se subieron a la cabeza y el abstemio, el Dépor, aprovechó esa especie de resaca, de bajada de tensión que tan a menudo prende en el A, para acortar distancias (1-2).

Mel soñaba con el empate cuando Lucas Vázquez, después de una jugada magistral de Isco, le despertó con el 1-3. El fútbol encadenado, que en alguna secuencia aflojaba, encontraba el premio del espectáculo. Y faltaban 45 minutos, los de Asensio, una maravillosa realidad que también se apunta al fútbol del recreo (2-6).