Política

Francisco Marhuenda

El valor de la experiencia

La Razón
La RazónLa Razón

Desde la Antigüedad siempre se ha valorado la experiencia en la gestión de los asuntos públicos. Es cierto que siempre han existido excepciones cuando la monarquía no era parlamentaria y surgían soberanos, como Alejandro Magno, capaces de llevar a cabo grandes hazañas, pero estos personajes singulares se pueden contraponer con la inmensa mayoría de los que fueron un desastre tras alcanzar el poder sin la experiencia y la preparación que eran necesarias para ocupar la corona. Otros gobernantes llegaron jóvenes gracias a la privanza otorgada por el capricho real, pero tampoco nos sirven de ejemplo porque el balance acostumbra a ser desastroso. Actualmente se ha instalado la obsesión por buscar jóvenes como si aquellos que tienen más de cincuenta fueran incapaces o poco deseables en esta sociedad tan frívola y mediática. Es un desastre, al igual que esa partitocracia indeseable que sufrimos desde hace años. Los españoles nos hemos vuelto muy poco exigentes con los políticos en el terreno de la experiencia y la formación.

Rajoy cumple 60 años y parece que algunos consideran que ya es necesario el relevo. Lo comparan con los Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Alberto Garzón o Albert Rivera. No importa que sus posibles rivales no tengan experiencia de gobierno y los que la tienen profesional sea más bien escasa. Ninguno de ellos ha hecho una oposición y lo digo, no porque sea una condición exigible, aunque muchas veces recomendable, sino como un dato de la escasa exigencia que muestran ahora los militantes de los partidos a la hora de escoger a sus líderes. Los cuatro rivales tienen condiciones políticas, sin lugar a dudas. Son buenos oradores y mucha vocación, pero forman parte de una inquietante profesionalización de la política. Están entre los treinta y los cuarenta años, por lo que cabe suponer que por encima de esa edad no hay personas capaces de asumir la máxima responsabilidad.

Esta obsesión por la juventud y la falta de experiencia es también un fenómeno mediático. Es necesario que los líderes tengan una buena imagen física, algo que cumplen los cuatro. El físico se ha convertido en lo más importante. Al igual que nadie lee los programas electorales tampoco lo hacen con los currículums. Es algo que ahora se considera irrelevante. No deja de sorprenderme. Cuando comparo las trayectorias académicas y profesionales de una buena parte de nuestros políticos y las comparo con otros países produce una cierta estupefacción. Por supuesto, si nos remontamos a los ministros y parlamentarios desde la Restauración a la caída de la monarquía alfonsina vemos, en líneas generales, un abismo.

El modelo español ha derivado a un indeseable poder de los partidos donde se valora más la lealtad al líder que la experiencia profesional y la formación. Lo razonable sería que los aparatos de los partidos, como sucede en Estados Unidos o Gran Bretaña, fueran irrelevantes para dar paso a un modelo que buscara la excelencia y no la mediocridad. Es cierto que Rajoy se ha rodeado de personas con buenas formaciones académicas y experiencia profesional, aunque siempre hay excepciones, pero me temo que cada vez será más difícil que los mejores den el paso de la vida privada a la pública. Se ha perdido el prestigio que antaño había tenido la política.

Durante la Transición, mucha gente dio el paso sin importarle los retos y riesgos que tenían que asumir. Es cierto que tener una profesión, que no es lo mismo que contar sólo con una licenciatura, otorga una gran tranquilidad de espíritu. No hay nada mejor que saber que la política no es tu profesión, sino una etapa en tu vida que puedes abandonar, además, cuando quieras.

Espero que la actual obsesión por las caras jóvenes y mediáticas sea algo efímero y que la sociedad española se vuelva más exigente. No hay nada mejor que un presidente que tenga experiencia y formación, porque gobernar un país es algo muy serio e importante. No se puede hacer a golpe de encuestas y mensajes. Los políticos inexpertos son un peligro. Es algo que nos demuestra la historia, porque no cuentan con el sosiego y los conocimientos para tomar decisiones. Si lo más importante es la juventud y la popularidad, lo mejor es que se presenten actores o músicos, porque son los más conocidos.

Rajoy ha desarrollado una brillante carrera académica, profesional y política. Llegó a la presidencia con una edad perfecta, como sucede en otros países, porque acumulaba aciertos y fracasos, que son los que nos permiten aprender y mejorar. No entiendo muy bien el fervor que se ha instalado en la izquierda a la hora de jubilar a varias generaciones para dar paso a políticos inexpertos. No parece que les importe que su experiencia se pueda relatar en una sola página. Comenzó con Pablo Iglesias y Podemos para extenderse al PSOE, con Pedro Sánchez, e IU, con Alberto Garzón.