Política

Elogio del perdedor

Estamos ante el reconocimiento algo prematuro de lo que antes o después llegaría. ¿O alguien lo dudaba? Artur Mas es ya el derrotado, el resignado, el defenestrado. No ha perdido el contacto completo con la realidad, y de ahí se entiende que esté buscando todo tipo de argucias y triquiñuelas para que no ocurra lo inevitable: que el tiro les salga por la culata a los promotores de la partición de los pueblos y la fragmentación de las sociedades (¡ay qué majos!). Así se explica lo que hoy revela LA RAZÓN: la penúltima treta de los amigos de CiU para que las leyes mayores del Estado y las más altas instituciones no aplasten la normativa por la que los Alí Babás del separatismo pretenden poner miles de urnas para consumar un acto de sedición como un piano. Que ni de casualidad se llegará a celebrar, ¡¿o es que alguien por ahí anda engañándose con este tema a estas alturas del partido?! Pero lo relevante aquí no es mirar cómo intentan pasar a trompicones las vallas los atletas del soberanismo. Lo determinante es fijarse en la estrategia paciente pero eficaz del Gobierno de España y de los poderes públicos para anular a estos tramposos. Se han fijado todos los cortafuegos en el momento procesal oportuno para que bajo ningún concepto fuésemos amenazados los ciudadanos de bien por los pirómanos del independentismo. Así está ocurriendo. Así va a ocurrir.

Y en efecto. Como se empieza a barruntar, la situación a los ojos de la opinión pública del todavía «molt honorable president» no va a ser muy diferente de la que terminó por abrasar a aquel iluminado apellidado Ibarretxe. Cadáver en vida. Zombi. Sin pulso político y sin solución. Paciencia.