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En modo Rajoy

La Razón
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Superado el bloqueo de Pedro Sánchez, el PSOE se dispone a vivir a partir de hoy una de sus semanas decisivas: primarias en Cataluña, seguidas del Comité Federal que decidirá la abstención. No ha hecho falta más que sentido común. Ni los militantes se han echado al monte, ni los «pedristas» han molestado más allá de los esperado. Nada como el poder para poner orden donde no lo había. Queda pendiente, eso sí, que los socialistas decidan lo que quieren ser en el futuro: si una formación con tintes nacionalistas –derecho a decidir incluido– o un partido de gobierno. Lo segundo tardará, pero llegará. Y sería interesante que para entonces ya se hubieran despejado sus dudas ideológicas y organizativas.

Por otro lado, el presidente del Gobierno en funciones se enfrenta a una investidura y a la formación de un Gobierno. Me atrevo a decir que la segunda legislatura de Mariano Rajoy será continuista y breve. Me explico. Lo de continuista es que su Gobierno va a ser una réplica del anterior. Hará cambios, pero sorprenderá que mantenga a algunos titulares que hoy parecen tocados. Y lo hará por la sencilla razón de que no quiere ceder piezas en la partida a los que han perdido. Hacer los cambios que pide la oposición –aquí meto al PSOE, a los independentistas catalanes y a Podemos– sería una muestra de debilidad. Y a Rajoy no le interesa hoy ceder esas piezas: ya habrá tiempo de hacerlo cuando los pactos lo requieran. Más interesantes resultarán las inclusiones de nuevos ministros. Serán los que Rajoy quiere señalar de cara al futuro y/o los que quiere premiar antes de su retirada. Pero no se engañen; unos y otros saben que vienen a una guerra: la guerra que, necesariamente, tienen que dar los socialistas para recuperar su espacio y su papel en la oposición.

Y lo de la legislatura breve: Rajoy ha cedido a las necesidades de España para frenar a los que pedían –y siguen reclamando– unas terceras elecciones. Sabe que el PP podría mejorar sus actuales posiciones a costa de la crisis del PSOE y Ciudadanos, pero ha optado por la responsabilidad y de ahí no le van a mover. Pero esa decisión no implica cesión. Al menos no lo será en aquellas leyes y pactos que afecten al futuro de España. Cree que puede reformar la Constitución y pactar leyes referentes a la Educación y Sanidad. Pero se resistirá a toda modificación que no cuente con el visto bueno de Europa. No es imaginación. Es algo que ya ha hablado con Javier Fernández. Cuando el presidente asturiano –y presidente de la Gestora– dice aquello de que «hay asuntos de Estado en los que siempre estaremos con el Gobierno» o «no hemos transmitido fiabilidad como partido de cuadros capaz de una eficaz gestión de la economía. Teníamos credibilidad social, pero no credibilidad económica», no sólo entona un mea culpa, sino que está lanzando un mensaje en el sentido de que su partido ha estado ausente de una realidad que azota a España, pero también a toda Europa.

¿Y cuando se producirá esa quiebra en los pactos vestida de moción de censura? Pues cuando el socialismo se sienta rehecho, renovado, y capaz de presentar un candidato –más bien candidata– que compita con Podemos y la izquierda independentista. No será algo inmediato: calculo dos o tres años. Pero para entonces ese espejismo del populismo, aunque no esté despejado, ya tendrá otro discurso. Veremos cuál. Y aunque Rajoy parezca entonces en modo avión, no se asombren de nada. Ya tiene diseñado el futuro.