Juego de hombres

El Real Madrid ganó en Cardiff y la euforia espumó el «sextete». En el centro del campo formaron Kroos, Modric y James, una delicia detrás de Bale, Benzema y Cristiano. Enfrente, el Sevilla apenas opuso resistencia, «un equipo de palmeros», lo definió en estas páginas Lucas Haurie. Era pretemporada aún; el Madrid reapareció colosal y a la lisonja añadió respeto reverencial. Imponía el contenido, el envoltorio, el presagio. De la Supercopa europea a la de España: el Atleti, ese dolor de muelas que antes de Simeone se encogía sólo de oír el nombre del vecino todopoderoso. Después de 180 minutos, el vencedor se mostró desacomplejado; el perdedor tropezó en la misma piedra. Por lo visto, la mella del minuto 93 fue más superficial en la moral rojiblanca que en sus vitrinas. Explotó el «sextete».

Un título tan poco valorado cuando no se gana sirvió para que el Atlético se rearmara, recuperara la confianza y afrontara la Liga con bríos renovados; aunque su fútbol no invita a celebrarlo. Tampoco el del Madrid. Llegan ambos, pues, al derbi sumidos en un «déjà vu» tan familiar como incómodo. El dilema de Ancelotti es el centro del campo, donde defender para no dejar a la defensa a la intemperie es obra mayor. Kroos, Modric y James son jugadores excelsos, muy bonitos, que serían más efectivos si otros del corte de Khedira, lesionado, o Alonso o Di María, vendidos, guardaran sus espaldas en perjuicio de uno de ellos. Ahora sólo Illarramendi da el perfil. Por precio, tendría que jugar; pero no convence. Y la «BBC» es intocable. Frente a la decisión de Ancelotti, el bloque compacto de Simeone, «que no es violento porque esto no es un juego de señoritas», defiende el técnico madridista ante quienes proclaman que los del Atlético sólo dan patadas.