La alcaldesa incendiaria

La Razón
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La futura alcaldesa de Barcelona con el apoyo socialista, Ada Colau, ha demostrado su equilibrio y sensatez con una declaración ejemplar y cívica: «Quemar Bancos hubiera sido perfectamente razonable». No se refiere al mobiliario urbano, como hacía el «Cojo Manteca», que en paz descanse. Los Bancos que razonablemente merecen arder, según la futura alcaldesa de Barcelona apoyada por los socialistas, son las entidades bancarias. Pero la futura señora alcaldesa de Barcelona no se ha definido, como se antoja obligatorio después de anunciar su propósito. «Quemar Bancos», así por las bravas, no ofrece las suficientes pistas para que los Bancos se defiendan, o mejoren sus servicios de seguridad, o inviertan más dinero en sus dispositivos de cámaras exteriores e interiores o sonidos de alarma. Y sobre todo, no ha especificado si el incendio provocado de los Bancos, la piromanía banquera y bancaria, se llevaría a cabo en horas de trabajo o en horario de clausura laboral. Y tampoco ha desvelado si la perfectamente razonable ignición de las entidades bancarias tendrán o tendrían lugar en las oficinas centrales o en modestas agencias urbanas. Porque como buena futura alcaldesa apoyada por el PSC y el PSOE, está obligada a preservar la integridad física de los ciudadanos bajo su gobierno, ya sean directivos o empleados de entidades bancarias y Cajas de Ahorro, o de los entrenadores de focas y delfines del Zoo de Barcelona.

Con un resultado pobre de votos, esta mujer que se parece bastante al segundo de a bordo de «Master & Commander» pero en versión morena, va a gobernar en Barcelona con el único fin de destrozarla en nombre del progreso del siglo XIX.

Lo mismo puede suceder en Madrid, con Carmona entregado a Manuela Carmena, con lo moderado que parecía. La diferencia entre Colau y Carmena, es que la primera es una ignorante iletrada y la segunda es juez. Una juez rara, pero juez. Quien ha impartido justicia, por injusta que sea en sus entrañas, intenta en todo caso someterse a la imparcialidad y el equilibrio. Pero la otra va a lo bestia, tal como habla, discurre y se manifiesta.

Las dos, Colau y Carmena son ricas. No lo son comparadas con los poseedores de grandes fortunas, pero millonarias si se someten al límite aceptado por sus respectivas formaciones políticas, una y otra amparadas en el desajuste atrabiliario de «Podemos». De poseer quien escribe la mitad de la mitad del patrimonio de Colau y Carmena, me lo pensaría dos veces antes de decir barbaridades. Pero ya he escrito que el caso de una y de la otra no admite pareamiento. Carmena es culta y Colau es una pirómana demagoga y hueca, con más voz que pensamiento, con más mentira que consistencia y con más peligro que una alacrana a la que su alacrán le acaba de comunicar que ha decidido meditar acerca de sus relaciones porque ha conocido a otra alacrana que le gusta muchísimo más. Lo cual es absolutamente lógico y comprensible, porque también los alacranes tienen su corazoncito, como la gente del pueblo, y lágrimas en los ojos y celos mal reprimidos, según nos hace ver el pelmazo de Julián en «La Verbena de la Paloma».

Quemar Bancos nunca es razonable. Como quemar supermercados, compañías de seguros, empresas industriales, inmobiliarias y tiendas de artículos de sexo. Quemar y destruir son impulsos totalitarios, estalinistas y fascistas que creíamos dormidos. Una mujer, aunque parezca el segundo comandante de «Master & Commander» de semejante estofa será la alcaldesa de Barcelona apoyada por los socialistas.

No me gustaría trabajar en una entidad bancaria en ciudad tan económica y poderosa.