La batalla de Bruselas

El ataque, oportuno, envidioso, intrascendente, obsceno, conforme a la ley o inoportuno, que el tiempo y las pruebas juzgarán, de la Comisión Europea de la Competencia al fútbol español recuerda añejas batallas de «cuando los tercios de Flandes», sólo que quien las capitanea en terreno adversario es uno de Bilbao. Ésta, la campaña de Bruselas, obedece a la denuncia de uno o varios anónimos, clubes alemanes para más señas, contra los enemigos del sur. No recuerdo si se lo he leído a Petros Markaris, que, en alguna de sus novelas sobre la caída de Grecia en manos de la troika, aducía a cuánto fastidiaba a los habitantes del imperio germánico engordar la bolsa de los fondos europeos para repartirlos con los «pigs» (portugueses, italianos, griegos y españoles), que se compraban adosado en la playa y coches último modelo mientras que ellos no salían de casa e invertían sus ahorros en hacer la vida más plácida a los susodichos «cerdos».

Barça, Madrid, Athletic y Osasuna no son Sociedad Anónima desde 1990 y es ahora cuando Europa pide los papeles. Pero resulta que por ser ajenos a la transformación las desventajas son numerosas, se defienden los acusados, porque obtienen menos desgravaciones. En el caso del Madrid, Florentino Pérez afirma que el hecho diferencial ha producido en su club un deterioro económico de 13 millones de euros. Y Miguel Cardenal no entiende que se arme este revuelo por una suma que no pasaría de los 100.000 euros anuales, en caso de irregularidad. Lo que tiene menos defensa es lo del Valencia, Elche y Hércules, cuyos créditos, ahora en poder de Bankia, fueron avalados por la Generalitat.