La campaña de los Reyes Magos

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El pistoletazo de salida que esta noche se dará para el arranque oficial de la campaña catalana marca el inicio de quince días en los que curiosamente, quienes desde el bloque independentista siempre prometían el oro y el moro en forma de paraísos quiméricos, esta vez se presentan con el freno de mano echado, casi en parada táctica y como mucho –caso de Oriol Junqueras desde ERC– proponiendo la «congelación» de la DUI ya saben, esa que se declaraba entre lágrimas de emoción hace poco más de un mes y de la que solo Puigdemont habla ya en este «día 38» de la «república catalana». Pero la paradoja también afecta a una parte del llamado bloque constitucional, en especial a un PSC de Iceta lanzado a prometer cualquier ocurrencia con la única condición de que no traspase los límites de la Carta Magna. Es entre otras, una de las grandes diferencias con campañas recientes en Cataluña, los que mandaban extensísimas cartas a los Reyes Magos ahora se conforman con unas cuantas peticiones –a ser posible que no llegue carbón– apuntadas en una servilleta de papel.

La campaña, que en realidad ya arrancaba desde el preciso instante en el que Mariano Rajoy anunciaba la convocatoria de elecciones, va a pivotar sobre un hilo argumental más o menos tensado según los condicionantes de cada formación y siempre centrado en la batalla por conseguir una alta participación, esa que en el caso de socialistas, populares y Ciudadanos solo se da cuando la llamada a las urnas responde a elecciones generales. Esta vez las cosas vienen de ponerse feas y el electorado constitucionalista sabe que votar el 21 va a ser, como mínimo igual de importante que elegir el gobierno de la nación y el inquilino de la Moncloa. La capacidad movilizadora del bloque soberanista es todavía una incógnita, aunque la sorda guerra fratricida entre sus candidatos y la innegable sensación de frustración entre su parroquia tras desembocar el «procés» en ese lugar llamado ninguna parte denotan un más que patente desgaste de materiales. No hay más que echar un vistazo a «pinchazos» como el del concierto «por la libertad» celebrado este fin de semana a instancias de la ANC para pedir la liberación de los «presos políticos». Si hoy el tribunal supremo decide que Junqueras y compañía salen de Estremera, ese argumento no sólo quedará desactivado, sino que alguien puede preguntarse viéndoles plaza a plaza y mitin a mitin sobre aquello que prometieron y no podían ejecutar.

Será una campaña paradójica, unos proponiendo «quitas» de deuda para Cataluña y –puestos a pedir a los Reyes Magos– extensivas al resto de autonomías, como quien pide darle a la máquina de hacer billetes de 500 euros y con la consiguiente carcajada que aún resuena en Bruselas y otros concurriendo, en el caso de Junqueras con su «DUI Findus» congelada y en el de Puigdemont con estampita recuerdo de la misma en su retiro turístico belga. Pequeñas diferencias de ex socios, uno en la carcel, el otro en la ópera.