La fórmula de la Coca-Cola

La desesperación puede llevar a una persona a intentarlo todo y está en su derecho. Cualquiera de nosotros , seamos futbolistas o ebanistas, que nos viéramos en una situación, ya no digo de vida o muerte, pero si en un escenario que atañera directamente a nuestra salud, intentaríamos probar lo imposible, lo llamen algunos superstición, brujería o tratamiento alternativo. El único requisito sería hacerlo dentro de los márgenes del sentido común y la legalidad, aunque la desesperanza puede llevar a traspasar esa delicada barrera. Que un jugador se someta a un tratamiento a base de masajes con placenta de yegua y electroestimulación parece haber agraviado a muchos. La pregunta es por qué. Cada uno es libre de sus actos, y si se quiere dar un masaje equino, es problema suyo. Nadie está obligado a visitar a esta doctora en Farmacología. Critican que mantenga en secreto su fórmula. Oiga, y la Coca-Cola, y aunque tenga momentos de torpeza como el contratar para un anuncio a un simpatizante abertzale, nadie duda de su legalidad. Dicen que carece de evidencia científica, supongo que eso mismo pensarán los miles de padres que estos días ven cómo los pediatras andan a las gresca sobre la conveniencia o no de vacunar a sus hijos contra la varicela. Muchos lo llaman falsa Medicina. Habría que ver a qué llamamos medicina falsa o verdadera, porque en muchos países de África siguen distinguiendo entre Medicina de blancos y de negros, y a ver quién es el guapo que se atreve a decir cuál es la buena. Más sentido común y mayor libertad de decisión. Lo raro es que no haya salido el lumbrera de turno exigiendo saber qué ha sido de la yegua.