La rendición de Sánchez

La celebración del consejo de ministros en Barcelona me recuerda al cuadro de “La rendición de Breda” de Diego Velázquez. El problema es que Pedro Sánchez no es, precisamente, Ambrosio Spínola, I marqués de los Balbases y grande de España, sino Justino de Nassau, hijo del estatúder de las Provincias Unidas de los Países Bajos, que hace el ademán de arrodillarse, en este caso ante Quim Torra, para entregarle las llaves de la ciudad mientras el general español, le pone una mano sobre su hombro y le impide humillarse. Podemos estar contentos porque podría haber sido peor para la dignidad de España y de los españoles. Spinola es hoy el delirante presidente de la Generalitat

Las consecuencias de tener un gobierno débil, con sus escuálidos 84 diputados, que necesita mendigar los apoyos parlamentarios a una coalición formada por independentistas que quieren destruir España, los nacionalistas vascos del PNV siempre en modo “aprovechategui”, los antisistema y los bilduetarras es que no podemos esperar nada bueno. Es insólito que el gobierno de España se reúna con el catalán, que controla Puigdemont con su mando a distancia en su palacete de Waterloo, en una posición de igualdad bilateral. Lo pueden esconder como quieran, pero la realidad es tan evidente que produce bochorno. Y, además, no hemos tenido que esperar para conocer el pago por la concesión, porque los independentistas han cumplido religiosamente y han aprobado la ansiada senda de gasto.

Los catalanes hemos oído desde pequeños la frase “qui paga, mana” y desde luego aquí ha mandado Torra y sus secuaces, aunque el problema es que el paganini final es siempre España. Es triste comprobar que el presidente del Gobierno se ha sometido a unos independentistas que quieren destruir nuestro país y que han conseguido dividir la sociedad catalana que está sometida a graves enfrentamientos debido a unos intereses de sectarios y fanáticos. Los tiempos son realmente tristes, porque estaba convencido de que nunca Sánchez aceptaría una reunión bilateral en estas circunstancias, porque es una enorme victoria del independentismo y una contundente derrota del constitucionalismo. La división política es siempre mala, pero el buenismo es un desastre porque los independentistas se crecen con la debilidad de España. Y menos aun cuando el diálogo no es otra cosa que someterse a la voluntad de Torra y su tropa.

No me extraña la enorme alegría que existe en el sector independentista y más aun coincidiendo con el final de la huelga de hambre fake montada por los políticos presos. No entiendo por qué no organizan este viernes una fiesta con fuegos artificiales incluida una cabalgata al estilo de las que se hacen en Río de Janeiro o con la celebración del Orgullo Gay. Es una idea y no les cobro copy right. Bueno mejor que no porque se apunta Pedro Sánchez y haremos todavía más el ridículo. Lo más oportuno es pasar este mal trago y esperar que Pedro Sánchez no siga la senda de Enrique II de Castilla, porque es realmente Pedro el de las Mercedes.