Las cartas marcadas

«Si té collons que me lo diga a la cara». Así contestaba José Antonio Monago a Xavier Trías, el alcalde de Barcelona, en una de sus polémicas. Hace exactamente dos años, Guillermo Fernández Vara comentaba que muchos ciudadanos le paraban por la calle y le decían «¿no vais a hacer nada?». El dirigente del PSOE respondía con un «no descarto una moción de censura. Estudiaremos cual es el mejor momento». Desde el Gobierno regional menospreciaban esa idea sugiriendo que los socialistas no tenían arrestos. Ahora, Fernández Vara ha elegido el momento. Parafraseando la frase de su adversario «té collons y se lo dice a la cara». La pregunta es ¿ha acertado eligiendo el momento?

La respuesta, variada. Desde el apoyo incondicional hasta el desconcierto pasando por la perplejidad. Un defensor apunta que «tiene inteligencia política. La moción solo se puede presentar ahora. Si el PP ganara las europeas tendría un plus de legitimidad. No tendría sentido presentarla. Ahora sí hay legitimidad». Otros teorizan que «el movimiento está auspiciado por Ferraz», no en vano Rubalcaba le ha dado apoyo público de forma inmediata. La razón para un dirigente territorial es que «IU sube en todas las encuestas levantando la bandera de somos los únicos que nos enfrentamos a la derecha y que no tenemos políticas de derechas». «De esta forma», añade, «se mete presión a IU para agudizar las tensiones entre la dirección regional y Cayo Lara». Otro sentencia «a diez días de las elecciones IU tendrá que retratarse. Pueden salir en la foto siendo los únicos de la izquierda que no hacen caer a un dirigente de la derecha».

No todos lo ven igual. «Vara está asediado por Rodríguez Ibarra, que le hace la vida imposible, y por Monago, que se ha revelado como un dirigente con cuajo. Tira a la desesperada por la calle de en medio porque es consciente que su oposición no cuaja», manifiesta un detractor de una moción «que evidencia debilidad y falta de liderazgo». Otros, desde la discrepancia, son más complacientes porque «él no ya lo tiene», pero recuerdan que «debe presentar un programa, realmente de izquierdas si quiere recabar el apoyo de los dos diputados que abandonaron el partido y el apoyo de IU». Aquí la mueca de escepticismo aflora en unos: «Las relaciones con IU no son malas, son lo siguiente, peores», y en otros aparece una perplejidad no exenta de guasa: «Las cartas están marcadas y pintan bastos, aunque todavía no se sabe para quién».