Liberar el pasado

La Razón
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La despedida de Zugaza no puede ser más sorprendente y estimulante. Si hubiera que situar históricamente la contribución de Guo-Qiang en el vertiginoso desarrollo del arte chino contemporáneo, se debería subrayar su escisión entre su papel de pionero y dentro de la generación surgida en torno a la masacre de Tiananmen; y la de puente entre este fecundo grupo de primeros artistas, volcados en temas políticos, identitarios y medioambientales, y la última hornada de artistas chinos, más proclives al uso de la tecnología y de la reflexión sobre cuestiones espirituales (véase a Li Hui o Wang Yuyang).

La presencia en El Prado de un artista con una sintaxis tan rupturista como Guo-Qiang se explica por el hecho de que el conjunto de su obra nace de una meditación sobre la tradición y la cultura milenaria. De hecho, algunos de sus más característicos materiales como la pólvora pretenden hacer estallar –literalmente– los corsés y los predicamentos desde los que se ha procedido a la transmisión del pasadopara dejar salir lo que se encontraba reprimido. Sus piezas expansivas, de escala sobrehumana, proponen puntos de vista diferentes, alucinantes, que amplían y liberan el conocimiento de la tradición.

La intervención para El Prado incide en esta estrategia de reapertura: la pólvora, el fuego, servirá para entablar un diálogo con las obras de su admirado El Greco, que a buen seguro desbordará los manidos y estrictos límites del homenaje y se resolverá en la forma de un momento liberador de toda esa energía bloqueada por los relatos canónicos. La transformación del legado cultural en una energía actual requiere de una relación íntima con la realidad sobre la que trabaja; requisito que solo se cumple a través de procesos «site specific». No hay mayor transgresión que dejar libre el pasado. Con total seguridad, eso lo logrará Cai Guo-Qiang.