Nos toman por idiotas

Les avanzo una primicia. Pere Navarro no agredió a ninguna mujer en Terrassa. Lo digo a cuento de la campaña desatada contra el dirigente socialista por el pensamiento único en Cataluña. Se ha desvirtuado tanto el suceso que casi Navarro tiene que pedir disculpas. Se ha dicho de todo. Que la agresora era una cabreada con su gestión como alcalde. Que la agresora nada tenía que ver con la política y más con un asunto de faldas. Que no existía la agresora. Y la última, dicha por insigne Pilar Rahola, miembro del Consejo de Transición Nacional: «Navarro está utilizando políticamente una agresión» y añade, sin complejos «que no lo atribuya al soberanismo». ¿A quién entonces hay que responsabilizar?

El martes un desconocido quemó la bandera española en el Ayuntamiento de Terrassa. Ayer la sede del PP en el distrito de Nou Barris de Barcelona fue atacada. Hoy, la sede del PSC en el Ayuntamiento de Sant Sadurní de Anoia ha amanecido con una diana pintada en su fachada. ¿Qué más necesita el nacionalismo para reconocer que el proceso ejemplar, sin violencia y democrático es una patraña? ¿Qué más necesita para arrinconar a los violentos? ¿Y a los intolerantes? ¿Qué más necesita, para no subir al estadio superior del insulto, la calumnia, la insidia o la amenaza?

Cataluña es una sociedad enferma. Todo se justifica con un consabido «ataque al proceso». Soberanista, se entiende. Me explico. Si se denuncia que un dirigente pakistaní vinculado con el islamismo radical figuraba en la candidatura de CiU en las pasadas autonómicas es «un ataque al proceso». Si se denuncia que un asesino es dirigente de Òmnium es «un ataque al proceso». Si se informa que el Ayuntamiento de Sant Sadurní iza la bandera española por imperativo legal es «un ataque al proceso» y «la insinuación a una campaña de boicot contra el cava». Si se denuncian irregularidades económicas en la Asamblea Nacional Catalana es «un ataque al proceso». Es el mismo argumento al que se acoge el diputado y ex secretario general de CDC, Oriol Pujol, en el juicio que se siguen contra él. También su padre, el ex presidente Pujol se refirió a «un ataque al proceso» cuando se denunciaron los negocios opacos de sus hijos. Dos de ellos acabaron pagando al fisco y un tercero está siendo investigado. Si un dirigente político denuncia una agresión es «un ataque al proceso».

La enfermedad se propaga con rapidez. Ya ha alcanzado a los dirigentes sindicales. En este Primero de Mayo defendían su apoyo a la consulta rechazando ser muleta y coartada del nacionalismo. Bueno, defendían a todas las consultas. «Queremos decidir sobre todo, también sobre educación, sanidad o recortes», decía José María Álvarez de UGT. Juan Carlos Gallego de CCOO añadía que queremos decidir también «sobre la recentralización, aborto o políticas de austeridad». ¿Nos toman por idiotas? ¿Realmente piensan que en una Cataluña independiente se instalará una democracia asamblearia?. O nos toman por idiotas o están contagiados por esta Cataluña enferma. Una pena.