Ramón Sarmiento

Pandemia de ébola

Todo empezó en África, en el golfo de Guinea, zona históricamente expoliada por los imperios coloniales con la política del «divide y vencerás» de Julio César. De aquí salió una multitud de esclavos que los negreros, en su mayoría mercaderes europeos, capturaban y vendían a los navegantes dedicados al tráfico esclavista entre África y América. Hacinados en las bodegas de las barcazas y tras unas penosas travesías, los supervivientes eran obligados a acabar sus días en explotaciones agrícolas y mineras del Nuevo Continente. Y de esto nadie se acuerda, porque, como dice el refrán medieval «la memoria de los hombres es muy flaca». La zona del Golfo era considerada estratégica y muy codiciada por su riqueza. De Guinea recibió nombre la antigua moneda inglesa de oro, que se pagaba a 21 chelines, en lugar de los 20 de una libra normal. Y, para Europa, esta región del África ecuatorial ha sido y es vital por su riqueza en recursos energéticos y mineros. En ello, radica todo el interés para el mundo autodenominado desarrollado.

El virus del ébola se detectó por vez primera en el año 1976 en una aldea cercana al río Ébola. Y de ahí proviene el nombre de esta enfermedad infecciosa viral aguda que produce fiebre hemorrágica en humanos y primates (monos, gorilas y chimpancés) y cuya tasa de mortalidad puede llegar al 90%. Estaba ahí, pero a nadie le había preocupado. Sucedía lejos y, aunque probablemente murieron muchas personas, no hay constancia de ello. Según el último recuento de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta el pasado día 3 de octubre el número de infectados por el ébola en África occidental se cifraba en más de 8.000 personas, de las que más de 3.500 han fallecido. Pero aquí no pasaba nada. Para una vez que Obama pide con razón aunar esfuerzos para actuar allí, sobre el foco, nadie se inmuta. Pero bastó que se haya registrado el primer contagio confirmado fuera de África para que saltaran las alarmas. Se descubrió la frontera entre los dos mundos. Ahora hay pandemia verbal, pandemia ébola, y los medios la han convertido en campo de Agramante, lugar donde hay mucha confusión y en el que nadie se entiende, como dice Cervantes en el capítulo XLI de Don Quijote.