Por la boca muere el pez

La Razón
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Madrid es una plaza muy exigente y para triunfar en política hace falta contar con muchas condiciones, entre ellas una personalidad definida y diferenciada. El afán de la Sra. Cristina Cifuentes por construirse un perfil identificable tiene que ver en parte con esa necesidad y, por otra, con un punto de egocentrismo que le hace tener una especial querencia por las cámaras de televisión.

Su periodo al frente del gobierno de la Comunidad de Madrid está resultando de los más anodinos de la historia, esto le dificulta la presencia en medios de comunicación y, por tanto, no consigue construir una imagen suficientemente nítida como para irrumpir en la política nacional, que es lo que verdaderamente desea.

Cuenta a su favor con una oposición desaparecida, que se limita a los tres minutos de intervención tres jueves al mes en el control al Gobierno y que no consigue tampoco marcar su perfil a partir de sus debilidades.

Ni siquiera el hecho de haber perdido una diputada regional, que ha sido expulsada del Grupo Popular dejando en minoría a los diputados del PP más los de Ciudadanos frente al resto, ha tenido la mínima repercusión más allá del ámbito local. Tampoco se entiende muy bien que el PSOE de Madrid haya tomado con tanto desinterés este asunto que cambia sustancialmente sus posibilidades. Algún día nos darán una explicación.

La verdad es que la Sra. Cifuentes gestionando no es muy brillante. Tampoco sobresalió en su gestión al frente de la delegación del Gobierno de Madrid, la única responsabilidad de gobierno que consta en su currículum a pesar de estar dedicada a la política profesional los últimos 25 años.

Ante semejante panorama, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha hecho lo que suele hacer, levantar polémica con algún asunto interno del PP, en este caso proponiendo elecciones primarias para elegir a sus candidatos.

Elige un tema en el que sabe que va a discrepar con la mayoría de dirigentes de su partido, con lo cual va a tener aseguradas portadas en los periódicos y, además, seguramente, dispone de algún estudio cualitativo que habrá encargado a alguna empresa de encuestas en el que se concluirá que le puede venir bien para ofrecer una imagen moderna e incluso moderada, como la que llegó a tener el Sr. Ruiz-Gallardón en los tiempos de presidente de la región.

No es casualidad que desde su llegada a la Delegación del Gobierno haya contado con la misma directora de Comunicación que tuvo el ex presidente durante casi toda su carrera política. Sin embargo, propuestas como ésta desvelan la auténtica personalidad de algunos políticos. La candidatura de la Sra. Cifuentes fue designada por imposición desde la calle Génova. Ella no solamente aceptó, sino que había venido trabajando para ello durante mucho tiempo, por tanto ser elegida a dedo no sólo no supuso ningún inconveniente sino que fue motivo de celebración.

Hace tan sólo un par de años de aquello y es fácil recordar que no a todos los sectores del PP de Madrid les produjo la decisión la misma alegría que a ella misma. Precisamente, el hecho de que contase con una oposición interna más o menos nutrida hubiese sido motivo para que ella hubiese aceptado la propuesta sólo después de haberse iniciado un proceso de primarias, claro que eso podía haber supuesto perder la deseada candidatura.

Al PP y a la Sra. Cifuentes les han llovido críticas desde todos los sitios, excepto desde el PSOE de Madrid. Es lo malo que tiene no elegir candidatos por primarias.