Enrique Miguel Rodríguez

Qué nos gusta un cambio

La Razón
La RazónLa Razón

La palabra cambio es, sin duda, de las más empleadas en nuestra vida cotidiana. Al cambio recurren siempre los políticos, sobre todo desde la oposición. Al cambio recurren las empresas para conseguir clientes. Al cambio recurren los periódicos, poniendo nuevos directores, para vender y no regalar más periódicos. Al cambio recurren las cadenas televisivas al menor atisbo de bajada de audiencia en sus programas... Hasta la Iglesia Católica, con más de 20 siglos de vida, recurre al cambio para que sus templos –algunos malvados dicen que no hay empresa que tenga más franquicias abiertas en el mundo– se llenen de gente. El cambio no asegura el éxito. Ya se sabe que muchas veces el cambio es para peor. En esto de cambiar, uno de sus principales protagonistas es, sin duda, el actual presidente del Real Madrid –que éste sí que es algo más que un club–, Florentino Pérez. Es gran empresario a nivel mundial, por tanto persona que siempre hay que valorar mucho, pues con su lícita ambición y con su buena gestión, da trabajo a miles de personas –en ocasiones a cientos de miles en el mundo–. La riqueza y el trabajo, como está demostrado en los últimos 100 años, se consigue de esta forma. Los teóricos y grandes redentores sociales desde la política, sólo han conseguido algo tan triste como igualar en la pobreza. Eso que llaman el capitalismo salvaje, es el que consigue mejores niveles de vida, a pesar de sus desigualdades. Volvamos a Florentino, que me he perdido en una especie de mitin electoral. El señor Pérez, un águila como empresario, en esto del fútbol consigue eso, el éxito empresarial. El Real Madrid es el equipo con mayores ingresos y títulos, pero eso ya venía de muy atrás. En lo deportivo, se ha portado como un jeque árabe, gastando sin ningún reparo. La destitución de Rafa Benítez –otra situación que «se veía venir» desde el mismo punto y hora en que lo contrató»– no hace más que agrandar su leyenda de un hombre del cambio, al menos de entrenador. Diez, como los mandamientos, lleva en su Presidencia. Curiosidad malsana: ¿cuánto habrá costado tanto cambio? Nunca lo sabremos. El fútbol es casi intocable. Muchos españoles estarían felices lapidando a la infanta Cristina por su imputación en unos delitos fiscales de baja cuantía. A muchos de estos lapidadores les parecería intolerable que Messi fuese condenado por defraudar muchos millones de euros a la hacienda pública.