Revuelta Argentina

No es fácil para Argentina encontrar la estabilidad. El sobresalto se concibe como cotidiano en el panorama argentino. El espectacular crecimiento económico que se ha producido en los últimos años y, sobre todo, después de la profunda crisis que atravesó el país a partir de 2001, se ve empañado por las imágenes de asaltos y saqueos a los supermercados ante la pasividad de las fuerzas de orden público que, precisamente, se encuentran en paro por reclamar un subida de salarios. En cualquier otro lugar del mundo hubieran saltado muchas alarmas o, al menos, se hubiera generado una profunda crisis de gobierno y la sorpresa y reacciones en la sociedad por lo que está sucediendo. Es difícil pronosticar cuál será el final de todo este proceso, que parece que continúa, porque Argentina tiene una capacidad de recuperación y de hacer frente a las dificultades que bien la quisieran para sí otros países como España. Es posible que todo sea ilusión en un país que siempre parece que está al borde del precipicio pero que se sobrepone y es capaz de experimentar una situación en la que todo se desarrolla, finalmente, con normalidad. No es fácil entender el devenir de Argentina ni adelantarse a los acontecimientos que se van a producir en este país. Cualquier análisis premonitorio está condenado al fracaso porque olvida la peculiaridad argentina. El consumo se ha disparado cuando la inflación se mantiene muy alta y la realidad no expresa, en modo alguno, los datos que se empeñan en facilitar los analistas económicos, muchos de los cuales no auguran buenos tiempos. En Argentina no hay dos realidades sociales, hay una única realidad, inexplicable, pero cierta. No es posible que todo el desarrollo económico de los últimos años se fundamente, en exclusividad, en la venta de soja y de otras materias primas, como se viene diciendo. Argentina es mucho más y de mayor complejidad en lo político y en lo económico. Argentina tiene una capacidad inigualable y encuentra los resquicios para escapar de las crisis. Todo puede suceder en este país y todo volverá, en poco tiempo, a la «normalidad argentina». Un país ciertamente admirable. Las cosas son como parecen: difíciles de comprender y de otra manera a como se piensa. Pero la inestabilidad en Argentina no impide la firmeza de su pueblo y de sus dirigentes. Ya quisiéramos los españoles reivindicar la soberanía de Gibraltar como los argentinos reivindican, día a día, sus legítimos derechos sobre las Malvinas. Todo un ejemplo.