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Rivalidad

La Razón
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En una acera exigen enchironar a Lionel Messi por evadir impuestos y le machacan vía «trending topic». Le defiende Javier Tebas: «No es un delincuente. Ha pagado 160 millones de euros al Estado para hacer carreteras y hospitales». Partido en el Camp Nou, minuto 12: pañolada contra Tebas. El mundo está más loco, loco, loco, de lo que Stanley Kramer imaginaba. En los tribunales piden 21 meses de cárcel para el jugador. Cuando el talego aparece en escena la imagen del acusado se distorsiona, como si hubiera matado a alguien. La rivalidad alimenta la inquina y quien ayer defendía la presunción de inocencia de su héroe y pasaba por alto la fuga de capitales, esa moda venial en «pujolandia», exige idéntico tratamiento criminal con Cristiano Ronaldo. De una acera a otra, cambio radical de clima y de actitud. Siempre hay motivos para saludarse, odiarse o ignorarse a ambos lados de la calzada. Sin embargo, en el fútbol no hay paños calientes, amores y rencores caminan paralelos; jamás confluyen, pero son intercambiables. Los indicios son pruebas irrefutables; las sospechas, certezas. No hay eufemismos. Desvestir una patata es pelarla, aunque eso de pelar admita interpretaciones. Cada quien exhibe su realidad y a Cristiano le ha llegado el turno de asumir la condena del telediario según el lugar de emisión. La Agencia Tributaria ha emitido un certificado que acredita la inocencia del futbolista... Pero le investiga, con más entusiasmo que hace un par de años, materia suficiente para que quienes defienden a Messi y no asumen que hizo trampas, le pelen a él, que tiene entre manos una patata que la insana competencia calienta. Ya lo dijo John Ruskin: «De la rivalidad no puede salir nada hermoso; y del orgullo, nada noble». Los caminos de Leo y «CR7» se cruzan también en Hacienda.