¡Rubalcaba el calientacalles!

Lamentable. España necesita especialmente ahora líderes que estén a la altura de sus responsabilidades institucionales, que se vistan por los pies y no se comporten como pandilleros. Es en lo que está el Rasputín de Solares.

Procede preguntarse por consiguiente: ¿está el secretario general del PSOE trabajando para reeditar la estrategia coactiva, vocinglera y gamberra que capitaneó entre el 11-M y el 14-M y que tan formidables réditos electorales generó para la izquierda? La respuesta es sí. Desgraciadamente, sí. Y se explica en un puñado de claves que aparecen inscritas en la deplorable reacción de los socialistas al «caso Bárcenas».

1. Rubalcaba pide la dimisión del presidente del gobierno y no la convocatoria de elecciones anticipadas porque su objetivo es generar inestabilidad, envenenar la vida y la acción del Gobierno. No hay más. Sabe a ciencia cierta que su partido está hundido, destrozado, y que carece de liderazgo, proyecto y discurso político. Todas son razones que le impiden ser una alternativa de poder ejecutivo creíble o fiable.

2. Rubalcaba se obstina en describir la absoluta incapacidad de Rajoy para llevar las riendas del país con el fin de deslegitimarlo ante el conjunto de la población. La intención es descarada: el Partido Popular no sólo estaría demostrando su insolvencia para sacar al país de la crisis económica sino que, por añadidura, se encontraría enlodazado en el pestilente barro de la corrupción. Por consiguiente, su descrédito en términos materiales y morales sería incuestionable.

3. Rubalcaba alienta el ruido y la furia de la calle no sólo porque esta forma de proceder va en su naturaleza –¡tan proclive a la conspiración!– sino porque aparece grabada en el ADN de los biznietos de Pablo Iglesias. Es así. La plasmación ora chapucera ora cuasi-perfecta de la agitación y la propaganda marca de la casa soviética: echar a las masas a provocar tumultos que den satisfacción a los espurios intereses de elites que ejercen de alborotadores profesionales. Penoso y antidemocrático.

4. Rubalcaba presenta como una decisión absolutamente congruente, ética y honorable lo que es una fantochada y un teatro: la cancelación del viaje a Portugal para participar en el Consejo de la Internacional Socialista. Le ha faltado decir: «Yo, a diferencia de la señora Botella, soy consciente de mis responsabilidades y mis compromisos en momentos críticos». Patético.

5. Rubalcaba pretende inocular en la población la idea de que Rajoy es un cobarde y un embustero. Ni se atreve a contar todo lo que sabe y debe de Bárcenas y sus oscuros y multimillonarios chanchullos ni es transparente en sus explicaciones. Es una nueva versión del infausto «los españoles merecen un Gobierno que les diga siempre la verdad», que empujó a hordas de insensatos a cercar antidemocráticamente las sedes del PP en plena jornada de reflexión

Está en lo más hondo de la doctrina leninista que «la revolución no se hace, se organiza». Rubalcaba está intentando organizar otra de las suyas. Hay que pararle. Con la verdad. Con prudencia, inteligencia y firmeza, que es como se frena a los insensatos, a los alarmistas, a los histéricos y a los oportunistas.