Shock de modernidad

El próximo mes se cumplirán catorce años desde que el PSOE apostó por un shock de modernidad eligiendo a un desconocido José Luis Rodríguez Zapatero como secretario general. Catorce años después, el candidato Eduardo Madina se presenta ante los militantes que deben elegir al sucesor de Rubalcaba antes de que lo ratifique el congreso extraordinario como heredero directo de ZP, cuyo recuerdo aún esta lastrando a los socialistas que no levantan cabeza desde el batacazo electoral de noviembre del 2011. No parece ésta una buena carta de presentación del que se considera, todavía, el aspirante con más posibilidades de hacerse con el control, y ya veremos si con el poder, en las filas socialistas. Su idea fuerza del shock de la modernidad es simplemente una frase sacada de los manuales de marketing político, vacía de contenido y bastante inquietante si tenemos en cuenta la forma de entender la modernidad que han tenido los dirigentes del PSOE desde su victoria electoral del 2004. A Madina ya le ha dado un toque de atención Susana Díaz que ha venido a decirle que no es este el momento de ocurrencias sino de política seria y responsable. Ese camino no parece estar en la hoja de ruta del político vasco pero si podría estarlo en la de Pedro Sánchez, tan desconocido hoy como lo era Zapatero en el año 2000 pero con un bagaje intelectual infinitamente superior aunque haya cometido algunos errores de principiante como poner en cuestión la inviolabilidad de la figura del Rey. Quizá Sánchez desconoce que esa inviolabilidad existe en la práctica totalidad de los regímenes republicanos de los llamados países de nuestro entorno. No se trata, pues, de un privilegio de la Monarquía española, sino de quienes se encuentran en la cúspide de la pirámide institucional. Seguramente Sánchez se dejó llevar por el ruido ambiental y, por unos segundos, se olvidó de que su figura va a crecer por su moderación y no por la demagogia con la que se ha lanzado al ruedo su principal contrincante.