Tipos de tontos

La Razón
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En España, y concretamente en Sevilla, fue avistado por Antonio Burgos el «tonto con balcones a la calle». Abundan asimismo los «tontos de la bandera republicana» y el tonto de «mi patria es el mundo». Pedro Sánchez se ha sumado a la relación de tontos con un nueva especie mesetaria: El «tonto de Cataluña es una nación». No se trata de una novedad apasionante, por cuanto en Cataluña ese modelo de tonto goza de una gran presencia. Pero un «tonto Cataluña es una nación» ajeno a raíces catalanas independentistas, sí puede considerarse una especie nueva de tonto. Pedro Sánchez.

En el deporte retransmitido por televisión hay muchísimo tonto. «El tonto nazarí», el «tonto palo corto», el «tonto juego trabado», y el «tonto poco penalti» son los más abundantes, sin olvidar al «tonto gafe», muy habitual en los comentarios de baloncesto y tenis. «Y ahora va a lanzar los tiros libres Ciminovic, que ha metido todos los que ha tirado en los últimos seis meses». Y Ciminovic falla. O el «tonto del tenis sólido», como si existiera un «tenis líquido».

En el mundo de la economía, finanzas y empresas sobresale el «tonto con algunos flecos por negociar» y el tonto «optimización de recursos». Los recursos se «optimizan», pero jamás se «pesimizan», lo cual da a entender la causa de quiebra de tantas empresas. Y en los bares, el más tonto es el tonto de «ponme lo de siempre», que en momentos de ajetreo resulta insoportable. Tonto, tontísimo, el tonto «a que no te acuerdas quien soy», especie que en España supera los 12.000.000 de ejemplares.

Pero hay que volver al «tonto Cataluña es una nación» y «España es una nación de naciones». Cataluña jamás ha sido en la Historia una nación, y el que afirme lo contrario, además de inculto, es tonto. Cataluña es un pujante –ahora menos–, Principado de la Corona de Aragón con un Condado como capital, el de Barcelona, título soberano del Rey de España. Proclamar semejante sandez por los votos de poco más de 15.000 militantes se me antoja una chorrada, porque tal afirmación puede privar a Sánchez de un número de votos más elevado de la militancia socialista en el resto de España. Sánchez, que también es un tonto de «vosotros y vosotras», sabe que en Castilla, Andalucía, Asturias, Extremadura y Valencia, lo de «Cataluña es una nación» no se termina de interpretar de la misma manera que si lo dicen Mas, Puigdemont o Anna Gabriel, que pueden decir misa y a nadie le importa su tostón. Pretender ser Presidente del Gobierno de España afirmando que Cataluña es una nación, es contradictorio, incoherente y fundamentalmente estúpido.

Sánchez no se está jugando el futuro del socialismo. Se está jugando su futuro, que es muy diferente. Una derrota le dejaría abierta una sóla puerta. La de Podemos, si es que Iglesias se la abre, que no es seguro. Sánchez ha sido el peor dirigente socialista –con Zapatero a su nivel–, de la historia centenaria del PSOE. Los españoles estamos hasta la coronilla de la corrupción política, de los ladrones que nos roban para enriquecerse, de los gobernantes que no se atreven a denunciar públicamente a los suyos, y también, de los que colaboran con su insensatez en el objetivo de descomponer la unidad de España. Esas auroras boreales y ocurrencias paletas se perdonan a los independentistas, porque algo tienen que decir para mantener sus cargos y su poder. Pero no en un advenedizo al independentismo a cambio de un puñado de votos. Porque el «tonto Cataluña es una nación» que no es catalán, además de tonto es un traidor a España, y España en sus manos duraría menos que una fuente de cigalas en la mesa de Espinar.

Cataluña es una autonomía compuesta por cuatro provincias. Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona. Repita Sánchez. Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona. Y una vez más, a ver si se entera.