Una oportunidad perdida

La Razón
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Existe inflación en las comisiones de investigación del Congreso de los Diputados, de ahí que su impacto en el juego democrático sea muy limitado y nada comparable a países como Estados Unidos, en los que el parlamentarismo es una pieza clave frente al ejecutivo.

Si esto ya es así, además, la comparecencia del Sr. Aznar que tuvo lugar esta semana en la comisión que investiga la financiación irregular del Partido Popular, vino descafeinada por el hecho de que la responsabilidad política se cobró con la moción de censura que presentó el Partido Socialista.

Por tanto, solo tenía interés la reaparición del ex presidente arropado por la nueva dirección popular, después de haber sido tan escondido durante la etapa Rajoy. Para abrir boca e interés estuvo el Sr. Rufián, cuya marca parlamentaria es la búsqueda de algún rifirrafe o momento de tensión para colapsar durante unas horas las redes sociales.

El gran combate se esperaba en torno a las intervenciones del PSOE y Podemos. Al Sr. Iglesias le han reconocido los medios de comunicación temple y haber preparado a conciencia la intervención, por tanto, ganó con el debate.

El Sr. Aznar, apareció arrogante y a la ofensiva, lejos de ir a defender su ausencia de participación en el entramado de financiación del PP, practicó varios ataques a los diputados participantes.

Quizá sea un botón de muestra de por dónde va la nueva dirección popular, el ataque como defensa y la construcción de un relato con algunas imprecisiones y otras tantas incorrecciones, pero que puede dar cobijo a millones de votantes que no saben bien a qué atenerse.

El Sr. Iglesias asumió el papel de rival principal del PP. Sin duda, donde se encuentra más cómodo el líder de los morados es como principal partido de la oposición al PP. El Sr. Iglesias, que tiene un alto concepto de sí mismo, apoyará al gobierno socialista hasta que crea que las urnas le pueden favorecer.

Quien pasó sin pena ni gloria fue el Partido Socialista y no solo porque las preguntas del Sr. Simancas ni rozaron en la línea de flotación del ex presidente, además de volver al asunto favorito del socialista: el tamayazo.

El 2003 fue el peor año por el que ha pasado el PSOE de Madrid desde 1979, no solo porque pudo gobernar y se le escapó entre los dedos, sino porque lo madrileños no se lo perdonaron.

A muchos no nos cabe duda de que el tamayazo se produjo por la compra de dos diputados socialistas, pero no es menos cierto que hubo numerosas voces que alertaron sobre estos personajes y su inclusión en listas y sobre la conveniencia de que el Sr. Simancas repitiese como candidato después del escándalo.

Los electores no perdonaron a quien tomó unas y otras decisiones y en las tres oportunidades electorales que tuvo el candidato socialista fue mermando el número de votos cosechados.

La política no es el espectáculo grotesco del Sr. Rufián, pero desde la investigación judicial había material suficiente para haber incomodado al Sr. Aznar. Lástima que de la intervención del grupo socialista solo quedó un recuerdo negro para el PSOE madrileño, los problemas de una persona no deben ser los del PSOE.

El Partido Socialista tiene enfrente a un Partido Popular que, si se deja mecer por la mano del Sr. Aznar, lejos de realizar una reflexión profunda sobre sus errores, se reivindicará en un relato auto construido de pureza e inocencia, pero el PSOE no aprovechará esa ventaja si su acción de gobierno reside en la improvisación, en lugar de armar ideológicamente un proyecto para España.