Tribuna

La conversación con uno mismo

No dejen de buscar ese refugio interior en estos días, cuando especialmente podemos escuchar la voz que nos llama a la calma, al retiro y a la conversación con uno mismo, sea espiritual o filosófica

Durante las vacaciones de verano buscamos rebajar el ritmo frenético del curso en alguna playa tranquila o en una casa de campo para, como se dice ahora tanto, «desconectar». Y, sin embargo, muchas veces estamos más «conectados» que nunca a nuestras viejas costumbres y personalidades, a la vida activa e incluso, lo que es peor, a actitudes dañinas en lo individual y lo colectivo o a la obsesión por las cosas materiales. El teléfono no deja de sonar y, por supuesto, de incordiarnos con un aluvión de reclamos. Somos incapaces de retirarnos realmente a pensar en las cosas que importan, por muy estupendos que sean nuestros retiros vacacionales, en un pequeño pueblo o en un país lejano. Esto recuerda muchas veces a quienes, turbados en su ánimo y en busca de respuestas, buscan complicadas místicas orientales cuando tienen muy cerca los remedios de la filosofía clásica y la espiritualidad occidental. Es irse muy lejos para tener para buscar algo que, realmente, «tenemos a mano».

Esta expresión me gusta mucho, porque recuerda el afán estoico por recordar tres o cuatro principios clave que reflejan las obras de Epicteto o Marco Aurelio. Al hilo de la búsqueda de este retiro, decía el emperador romano: «Buscan algunos para sí mismos los retiros campestres, marinos o montaraces y también tú te has acostumbrado a desear sobre todo tales cosas. Pero esto es lo más necio, dado que te es posible en cualquier momento retirarte en ti mismo. Pues el ser humano no puede retirarse a ningún lugar más tranquilo o calmado que aquel que está en el alma que tiene en sí mismo, especialmente quien quiera que tenga dentro tales pensamientos, ante los cuales, si te inclinas a observarlos, al punto se produce una total serenidad. Y, esta serenidad, digo que no es otra cosa que el buen orden. Conque continuamente concédete a ti mismo este retiro y renuévate a ti mismo.» (IV 3).

¡Qué relevancia tienen sus palabras, pese a los siglos transcurridos, en nuestro mundo de hoy, hiperconectado y angustiado por las notificaciones y las noticias que pueblan nuestros malhadados dispositivos móviles! Ya no es que estemos en intensa conversación con amigos, vecinos o familiares en verano, sino que, por desgracia, muchas veces la única conversación que establecemos es con la máquina que llevamos en el bolsillo y que nos esclaviza cada día, incluso en verano. ¿Por qué no buscar con preferencia la conversación con uno mismo como recomendaba Marco el emperador? Y es que, hoy, hablar con uno mismo tiene cierta mala fama. De hecho, si se hace en alta voz, puede que a uno le tengan por loco, cuando seguramente no haya nada más sano para la mente que la conversación con uno mismo: la reflexión y la meditación con el principio que rige nuestra razón, más allá de los pensamientos inmediatos. No nos resulta fácil este ejercicio. Dice Marco Aurelio: «Excava dentro de ti. Dentro está la fuente del bien, que siempre puede manar si siempre excavas». (VII 59)

Hay que dedicar al menos veinte minutos al día a estar así con uno mismo, intentando apagar el eco del día a día, de las turbulencias que nos asedian desde el dominio exterior, la vida social, laboral, familiar y las llamadas redes sociales. Se ha elogiado demasiado la vida activa, pero lo que nos salva es la introspección que consigue apagar ese ruido exterior y su intenso eco interior. Lo recomienda el filósofo germano-coreano Byung-Chul Han en su reciente libro «Vita contemplativa» (Taurus). Se puede obtener esta conversación con uno mismo, que tienda a un silencio meditativo y un recogimiento especial, en un espacio interior que permita el encuentro con el «sí mismo». Es importante hacer por buscar ese tesoro interior en algún momento del día o, si no se puede, de la semana. Sería un ejercicio óptimo para esas vacaciones. Todas las grandes tradiciones sapienciales y espirituales han buscado ese tesoro escondido, el camino hacia el corazón y las sedes secretas que están más allá de nuestros pensamientos. Desde el vedanta advaita a Evagrio Póntico, en la iglesia del siglo IV, existen muchas guías de cómo acabar con el rumor de los pensamientos para sumergirse en el auténtico ser en busca de la unidad íntima del ser. Para esto les recomiendo el espléndido libro de Javier Alvarado «Historia de los métodos de meditación no dual» (Sanz y Torres), que analiza de forma comparada las diversas tradiciones desde la antigüedad hasta hoy, de Oriente a Occidente.

En fin, no dejen de buscar ese refugio interior en estos días, cuando especialmente podemos escuchar la voz que nos llama a la calma, al retiro y a la conversación con uno mismo, sea espiritual o filosófica. Como recomienda Marco Aurelio: «Recógete en ti mismo: por naturaleza el principio rector posee la facultad de bastarse a sí mismo, obrando bien y conservando la calma por eso mismo» (VII 28).