Opinión

Incertidumbres en el PSOE

La Razón
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La renuncia de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, a presentar su candidatura a la Secretaría General del PSOE en el congreso extraordinario del próximo mes de julio deja muy abierta la sucesión del actual líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, en un momento político difícil para la principal formación de la izquierda española. Si bien LA RAZÓN mantiene principios ideológicos y sociales muy alejados del socialismo que representa el PSOE, siempre hemos reconocido y valorado su compromiso constitucional y su indiscutible papel en la estabilidad de la democracia española. La presidenta andaluza encarna perfectamente esa vocación de Estado de la formación socialista, en la misma trayectoria de anteriores dirigentes como Felipe González, Joaquín Almunia, José Luis Rodríguez Zapatero y el propio Alfredo Pérez Rubalcaba, todavía al frente del partido, a quienes no hemos ahorrado críticas cuando, a nuestro juicio, erraban en perjuicio de los españoles, pero a quienes también hemos reconocido sin reservas sus aciertos en la gestión de los asuntos del país, aciertos que se hacían más evidentes cuanto menos se alejaban de la centralidad política y del espíritu de consenso y diálogo que informó la Transición. Pueden argüirse muy diversas razones para explicar la actual situación del PSOE, el partido, no lo olvidemos, que ha gobernado España durante 21 de los 39 años de nuestra democracia, pero estaremos más cerca de la verdad si identificamos la causa de la grave pérdida de peso electoral de los socialistas en su alejamiento de la centralidad política que, como la mayoría de las izquierdas modernas europeas, está llamado a representar. Probablemente, hayan sido mucho más perjudiciales para el partido socialista algunos pactos electorales contranatura, sin más objeto o proyecto político que mantenerse en el poder, así como la adopción de posiciones ideológicas maximalistas, que remitían a un pasado ya remoto, que los errores en la gestión de la crisis hasta llevar a este PSOE a su debacle electoral. Por ello, y más allá de los nombres que se barajan como candidatos para relevar al actual secretario general, es fundamental que se rectifique la evidente deriva hacia el radicalismo de algunas posturas demasiado proclives a confundir el ruido de la calle y de las redes sociales con las aspiraciones de la inmensa mayoría de los ciudadanos, mucho más moderadas y ajustadas a la realidad social del país. No es en formaciones como Podemos, cuyas propuestas entroncan con los modelos marxistas fracasados en el siglo XX, donde hallará el PSOE los votos perdidos en estos últimos años. Al contrario, el apoyo que precisa está donde está la mayor parte de la ciudadanía, muy ajena a los extremismos de cualquier clase.