Opinión

Salida del túnel

La Razón
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La última Encuesta de Población Activa elaborada por el Instituto Nacional de Estadística, referida al segundo trimestre del presente año, no sólo refleja el mayor incremento del empleo en España desde 2005, con 402.400 empleados más, sino que invalida una de las constantes de la economía española, a la que, hasta ahora, se la suponía incapaz de crear puestos de trabajo mientras no se dieran crecimientos del PIB por encima del 2%. Porque el hecho incuestionable es que nuestro mercado laboral está reduciendo las tasas de desempleo a un ritmo no visto desde hace más de una década, pese a que el sostenido incremento del PIB durante el último año está aún muy por debajo de esa aduana estadística. No cabe más explicación –y así lo lo constata el propio presidente del Gobierno, Mariano Rajoy– que el reconocimiento de que estamos asistiendo a un cambio de carácter estructural, profundo, del modelo económico español. Un cambio de modelo que era, por demás, el objetivo último del programa de reformas del Gobierno, desde el convencimiento de que la economía española debía sustentarse sobre nuevas bases si se quería acabar con el círculo vicioso de un sistema deficiente, que se convertía en una máquina de fabricar parados cada vez que había de enfrentarse a un periodo de recesión. Y, así, si España se está recuperando de una crisis económica de proporciones inéditas –hasta el punto de que se llegó a poner en riesgo la viabilidad financiera del Estado–, a un ritmo mayor del que pronosticaron todos los gabinetes de análisis, se debe a que se ha operado sobre los lastres de nuestra economía; sobre unos mercados con adherencias burocráticas y barreras regulatorias propias de otro siglo, y una legislación laboral rígida, que no daba más opción que el despido o el cierre a las empresas que entraban en dificultades. La oposición y los sindicatos ideologizados, que se pusieron de perfil mientras se destruían cientos de miles de empleos, pueden seguir insistiendo en aspectos sobre la temporalidad de las contrataciones o el bajo porcentaje de empleos de carácter indefinido, dado que, salvo excepciones, como las organizaciones sindicales en el sector del automóvil, su papel en la salida de esta crisis ha sido prácticamente nulo, pero quedarán definitivamente fuera de la realidad. Si, hasta ahora, los datos positivos que se iban sucesivamente acumulando eran recibidos por el Gobierno con la cautela de quien conoce bien la magnitud del problema al que se enfrenta, ya puede decirse que la sociedad española está en la salida del túnel, que mes a mes cambian a mejor los pronósticos sobre el crecimiento del PIB, y que los mercados financieros internacionales, que tan duros fueron con España, dan por descontado el nuevo milagro español.