UGT: regenerarse o languidecer

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Tras 22 años al frente del sindicato, Cándido Méndez dirá adiós a la Secretaría General de la UGT en el 42 Congreso Confederal. Méndez, uno de los baluartes de las políticas socialistas que condujeron a España a la recesión, se despide de la primera línea con más pena que gloria. Su balance no puede ser positivo, con unos años finales marcados por la corrupción (ERE, los cursos de formación o las «tarjetas black»), que debilitaron la imagen y la credibilidad de la organización y que o no supo o no quiso afrontar con la firmeza debida. Tres son los candidatos a sucederle: el líder de la Federación de Transportes, Miguel Ángel Cilleros; el del sindicato en Cataluña, Josep María Álvarez, y el de Canarias, Gustavo Santana. Al parecer, Josep María Álvarez tendría asegurado el respaldo de más de la mitad de los delegados del cónclave. Álvarez no puede encarnar la profunda renovación que UGT necesita tras nada menos que 25 años al frente del sindicato en Cataluña, caracterizados por el inmovilismo en lo organizativo y por haber puesto al sindicato al servicio del independentismo. UGT demanda una catarsis, una puesta al día con el sindicalismo europeo del siglo XXI, más defensa del empleo y menos de los políticos, sumar en las empresas y en la sociedad en lugar de restar. Si no lo hace, su sentencia estará dictada.