Editoriales

Un CIS al servicio de Sánchez

El primer barómetro del CIS de la etapa de José Félix Tezanos se hizo público al mes de que Pedro Sánchez llegara a través de su moción de censura a La Moncloa. Hasta ese día, el PSOE tenía el 22,66% de los votos y 85 escaños obtenidos en las elecciones del 26 de junio de 2016. Estaba en su peor nivel y era un partido a la baja. Sin embargo, en tan solo un mes subía 8 puntos hasta alcanzar los 29,9 y se distanciaba 9 de PP. Era, de la noche a la mañana, la primera fuerza política y ganaría las elecciones en cuanto se convocase. Curiosamente, Sánchez no quiere adelantar los comicios generales tal y como se comprometió. El nuevo presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas, un prestigioso instituto público de opinión que los especialistas demoscópicos tienen como referencia, había utilizado otro sistema de medición diferente al empleado anteriormente, gobernasen socialistas o populares. Mes a mes, el ascenso del PSOE ha sido constante utilizando un método muy criticado por los estadísticos: lo único que vale es lo que dice el encuestado, en bruto, sin tener en cuenta ponderaciones que todos los centros demoscópicos emplean, como el recuerdo de voto, abstencionistas que ahora sí votarían, aceptar que por lo menos la mitad de los indecisos repiten el voto al mismo partido o intentar saber quién votará realmente porque los encuestados siempre dicen que lo harán aunque luego no sea así. Por contra, Tezanos utiliza dos datos de ponderación menos fiables: lo que el encuestado dice que votará más la «simpatía de partido», un elemento que permite corregir el «no sabe» o «no contesta». Por comparación, algo estaba fallando, porque no podía ser que todas las empresas de sondeos dieran una distancia entre 2 y 3 puntos entre el PSOE y su inmediato seguidor y el CIS lo situara a 11 puntos. Y otro dato a tener en cuenta: las estimaciones electorales en el CIS eran trimestrales y no mensuales, todo indica que guiado por las necesidades electorales de Sánchez. De nuevo nos vuelve a sorprender el último sondeo en la que se da una amplia ventaja para el PSOE, con un 28,9% de los votos, lo que supone un descenso de 2,2 puntos; el PP se mantiene en los 19,1% y Cs baja tres décimas hasta los 17,9%. Quien tiene un retroceso importante es Podemos, que cae 3,1% y se sitúa en los 14,9%. Sea como fuere, el voto de centroderecha sube y el de izquierda baja. Sin embargo, es difícil de entender que Vox obtenga un 3,7%, lo mismo que el sondeo de noviembre y casi idéntico al barómetro previo a las elecciones andaluzas (3,17%). El sondeo de ayer fue realizado entre el 1 y el 12 de diciembre, por lo que no coincide con las expectativas reales que tuvieron los socialistas, con una pérdida de 14 escaños, ni Vox, que sitúa ahora en voto directo en el 4,2%, cuando obtuvo el 10,9%. Por desgracia, el CIS ya no puede ser tomado como referencia; se ha convertido en una pieza de la maquinaria electoral socialista. En definitiva, el Gobierno no sufre ningún desgaste y ninguna incidencia política le afecta, pese a la seria llamada de atención de las elecciones andaluzas, con la pérdida de la Junta después de 36 años, algo que de por sí muestra que el electorado también ha castigado a Sánchez. Pensar que la polémica entrevista con Joaquim Torra y el accidentado consejo de ministros del pasado 21 de diciembre en Barcelona fue aceptado sin más por sus electores, es suponer que éstos aceptan sin ningún resquemor el apoyo de los independentistas a Sánchez. El Gobierno tampoco ha aprobado los presupuestos y tiene que aceptar la constante humillación de que los nacionalistas catalanes le recuerden que sólo lo harán si acepta reivindicaciones que van más allá de la Constitución. La apreciación de la opinión pública es que la situación política no ha mejorado, incluso ha empeorado, pero nada de esto afecta a su ascenso constante en el CIS.

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