Editorial
El Estado no es él
Siete años han sido más que suficientes para constatar la pulsión despótica y autocrática de Pedro Sánchez. Es casi imposible hallar un ámbito de la vida pública e institucional española que no haya desvirtuado y empobrecido al servicio de un personalismo voraz
Siete años han sido más que suficientes para constatar la pulsión despótica y autocrática de Pedro Sánchez. Es casi imposible hallar un ámbito de la vida pública e institucional española que no haya desvirtuado y empobrecido al servicio de un personalismo voraz. Publicamos hoy en exclusiva que la relación entre el presidente y el Rey «está rota» y que la inexcusable interlocución entre ambos se vehicula en sus respectivos gabinetes. Es un escenario indeseable que no beneficia a nadie. Pero resulta una anomalía que, aunque lamentamos, no nos sorprende dado el liderazgo del inquilino de La Moncloa, caracterizado por la usurpación, la apropiación y la manipulación en todos los resortes del Estado que ha podido. Sánchez llegó a la democracia, pero esta nunca entró en él. Ya que no hay sintonía ni cercanía, exigimos al menos respeto a la Corona y a la Constitución.