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Insensateces

El Fary

Creíamos que sin el Fary estábamos a punto de sucumbir ante el hombre blandengue. No, José Luis vive en José Luis. Todavía hay esperanza

Así que, Ábalos ronca. Resulta que Ábalos, José Luis, el gran puto amo de los bares de lucecitas, ronca, amigas. Esto, resulta, que no lo supo ver Koldo, con el que, seguramente, no ha pasado ni una sola noche hasta ahora. Porque ahora sí, ahora ya han estado en el mismo habitáculo y uno de ellos durmió. Y, aunque les costó conciliar el sueño en el nuevo pisito, entre confidencias, bilis, cortar trajes y maldecir, José Luis se durmió. Y debió pegar un mitin que hasta esa bailarina de ballet que es Koldo García no pudo pegar ojo. Era tal el tricoteo previo que, hasta los funcionarios tuvieron que advertidles de que dejaran el papel de urracas parlanchinas y durmieran para no molestar a los demás. Y entonces José Luis, les hizo caso. Y se quedó tan sumamente roque que roncó como un John Deere. Roncó como un tronco, como un chancho, como un jabalí. Y a Koldo le molestó. De tal manera que no pegó ojo el bueno de Koldo. Pero José Luis durmió, claro que sí. José Luis tiene un callo como la Monumental de México. José Luis ha debido estar tantas noches en vela, tantas noches en sus cositas, tantas noches haciéndose el feminista que, cuando pilla un rato sin trajín, no le quita el sueñito ni una celda. A José Luis le debe haber atacado y de manera constante, crónica, el mal de nuestro tiempo en las consultas de los centros de salud: el sueño atrasao. Han sido demasiadas madrugadas sin un poquito de calma, tantos amaneceres sin sosiego que, cómo ese hombre no va a estar como está, deseando tener, por fin, un ratico para cerrar los ojicos y soñar. Soñar con aquel mundo feliz en el que era un capo, un campeón contra las manchas, un tío fetén. Y, en su primera noche en prisión, con sus dos cojincicos colgando, se ha dormido. Y se ha dormido hasta el REM, hasta la apnea. Como el que tiene la conciencia limpia como los chorros del oro.

Creíamos que sin el Fary estábamos a punto de sucumbir ante el hombre blandengue. No, José Luis vive en José Luis. Todavía hay esperanza, amigas.