Editorial
La moción de censura no es la respuesta
Creemos que, antes que censuras a ninguna parte, la continuidad de un gobierno en descomposición, desprestigiado y sin la confianza del Parlamento resulta la mejor baza para acelerar su final
Causaría bochorno, si no fuera porque la desfachatez del populismo es proverbial, repasar los alegatos en defensa de la regeneración política y de la pulcritud en la gestión pública de aquellos que se sumaron con alborozo a la moción de censura promovida por el PSOE contra el gobierno de Mariano Rajoy y que, hoy, cuando hasta el portavoz socialista que defendió la medida, José Luis Ábalos, duerme en prisión, callan ante la oleada de corrupción que atenaza a La Moncloa y adoptan posturas circunspectas más propias del comisionista de ventaja que de un representante de la soberanía nacional. Llegar a tal nivel de inconsistencia no deja de pasar factura, como demuestra la crisis profunda de Sumar, con una Yolanda Díaz ejerciendo de francotirador solitario, y apuntan las encuestas más sólidas en Cataluña y las Vascongadas, pero mientras la alternativa más plausible sea un gobierno de Núñez Feijóo, la aritmética parlamentaria se convierte en cómplice de la degradación de las instituciones hasta el final de la legislatura. Es un hecho que Sánchez ha logrado llegar a su séptimo año al frente del país gracias a una mayoría de investidura que hoy, sin embargo, ha perdido la consistencia de aquellos primeros instantes en los que al inquilino de La Moncloa únicamente le importaba aferrarse al poder y era generoso en sus tratos. Pero ello no debe significar que el presidente del PP yerre en el diagnóstico de la crisis del sanchismo y se decida a tomar atajos apresurados con riesgos del todo inconvenientes en la presente coyuntura. Si, como ganador de las elecciones, Núñez Feijóo rechazó llegar al poder de la mano de los compromisos que sí aceptó Pedro Sánchez, no parece razonable, ni deseable, que ahora «cambie opinión», cayendo en la misma atracción del poder por el poder que tanto hemos criticado en el líder de los socialistas. De ahí, que sea adecuado advertir a quienes presionan, estamos seguros que desde la buena voluntad, al líder de la Oposición para que ponga en marcha una moción de censura que, dadas las circunstancias, no tiene visos de prosperar y que, en el peor de los casos, puede convertirse en una bombona de oxígeno para el inquilino de La Moncloa, que será convenientemente explotada por el ingente equipo de propagandistas que trabajan para el Ejecutivo social comunista, con los potentes medios de comunicación del Estado, pagados con dinero de todos, puestos a su servicio. Muy al contrario, en esta lenta e insufrible agonía del régimen, abocado a un desenlace que el país necesita de forma apremiante, la cautela y el cálculo tienen que ser máximos en las actuaciones de la oposición. Creemos que, antes que censuras a ninguna parte, la continuidad de un gobierno en descomposición, desprestigiado y sin la confianza del Parlamento resulta la mejor baza para acelerar su final.