Editorial

El gobierno Sánchez es censurado a diario

Que el yerro de Vox pueda fortalecer a la izquierda no es una hipótesis descabellada ni mucho menos

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha registrado la moción de censura contra Pedro Sánchez, que encabezará el economista Ramón Tamames. Queremos dejar constancia por encima de otras consideraciones posteriores que la figura del aspirante es la de uno de los mayores referentes intelectuales y económicos de la historia de la democracia. Con una trayectoria impecable en tiempos críticos para la nación, protagonista, junto a una generación de políticos de todas las tendencias, de una obra eterna como fue la Transición de un régimen autoritario a la democracia, estamos convencidos de que su participación en una iniciativa parlamentaria extemporánea responde a ese profundo sentido del deber y de lealtad con los intereses generales de España y de su convicción profunda que la maniobra liderada por Vox es lo que el país necesita. Sentada esta premisa, que hemos mantenido en estas páginas editoriales desde la génesis de la vidriosa ocurrencia, nuestra oposición a esta moción de censura no reside en que el Gobierno de Pedro Sánchez no merezca la mayor de las amonestaciones. No está en cuestión que esta izquierda gobernante, que para desgracia de los españoles dirige los destinos del país, ha evidenciado con creces ser el peor gabinete de la historia de la democracia. Es de sobra conocida que disentimos tanto de las formas como del fondo de una acción ejecutiva que ha perjudicado gravemente la vida de los españoles y que ha degradado como ningún otro los principios de la democracia. Su fracaso en la guía de la vida nacional nos parece incuestionable. Ni política ni institucional ni moralmente ha estado a la altura de la dignidad requerida y su remoción resulta vital. El estado de la opinión pública, el sentir de la calle, que se hace explícito cuando hay ocasión, constituye un clamor. Pedro Sánchez y su alianza Frankenstein son censurados a diario, desde las más variadas tribunas e instituciones, lo que se repite incluso entre los propios socios de coalición en una secuencia insólita por esperpéntica. A un adversario en serios aprietos y en retirada, tirarle un salvavidas, al que pueda asirse y tomar aliento, es un grave error. La moción de Abascal es lo más parecido a ese salvavidas para Sánchez por ineficaz, inoportuna e inane. Se regala al presidente una baza que manejará a su antojo, pues controla el campo de juego, el árbitro e incluso las reglas. Sirva como ejemplo de lo que aguarda que se da por hecho que Batet fijará la sesión en la fecha que sirva a los intereses de su líder. Por supuesto, nada está escrito, pero parece improbable que la genialidad de Vox pueda acelerar el final de la Legislatura y el advenimiento de ese nuevo gobierno presidido por Ramón Tamames con no se sabe qué programa ni qué fuerza. Y si esas metas son descartables, lo que queda es una maniobra para desgastar al PP y minarlo como fuerza hegemónica del centroderecha y alternativa única al sanchismo. Que el yerro de Vox pueda fortalecer a la izquierda no es una hipótesis descabellada ni mucho menos.