Opinión

«Para mejorar el estado del mundo»

Las «formas» deben ser guardadas en un mundo con tantos Estados «democráticos» y en plena vigencia de la «sociedad de la información»

El habitual encuentro anual del Foro Económico Mundial en la localidad suiza de Davos, se ha celebrado la pasada semana como es sabido. Ha sido la 54ª edición desde que en 1971 dio comienzo a su actividad dedicada nada menos que a «mejorar el estado del mundo». Para ello reúne a la flor y nata del mundo de la política, de las finanzas, la economía, los negocios, la «filantropía y la academia», para interactuar durante varios días en dicha localidad alpina próxima a Ginebra. Entre ellos no podían faltar Soros, Bill Gates, y por supuesto Sánchez. No debe extrañar en absoluto, que para el común de los mortales se considere esta reunión como la de la élite global, que dicta las directrices que consideran las adecuadas para ese «mundo mejor», por el que dicen trabajar, hoy conocido como el Nuevo Orden Mundial (NOM). Al servicio de ese «mundo mejor» regido por lo que esas élites discuten en público y (por supuesto) en privado, surgen directivas como la Agenda 2030 que con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible deben permitir alcanzar lo más parecido al Paraíso en la «Madre Tierra». Las «formas» deben ser guardadas en un mundo con tantos Estados «democráticos» y en plena vigencia de la «sociedad de la información», por lo que sus decisiones se transmiten oficialmente a través de la ONU y sus diversas agencias, desde la OMS hasta la UNESCO, pasando por la FAO o UNICEF. Previamente serán debatidas en la Asamblea General y en su caso hasta en el Consejo de Seguridad. Así, tenemos una agenda que marca las estrategias de los gobiernos para que tengamos un mundo «desarrollado, inclusivo y ecosostenible», sin fronteras, y con un gobierno global que asegure una «cogobernanza» adecuada. El cambio climático, ya de hecho convertido en una virtual religión climática incluidos sus dogmas y correspondientes excomuniones, junto al aborto, la eutanasia y la ideología de género, conforman el núcleo de lo que Benedicto XVI calificó como «credo del anticristo». Ingredientes indispensables para una adecuada reducción de la población mundial que exige la ecosostenibilidad del Planeta.

En este reciente encuentro, hubo una sesión plenaria dedicada –como no podía ser menos– al «Clima y la naturaleza: en busca de una respuesta sistémica». Tuvo una singular invitada en una chamán de nombre «Putany», perteneciente a una tribu amazónica del noroeste del Brasil. Efectuó el ritual soplando sobre las cabezas de las élites invocando la «unión de pensamiento y corazón» para que «la Madre Tierra escuche». Imposible no evocar a la Pachamama en el Vaticano, con ocasión del Sínodo de la Amazonía. «Cosas veredes, amigo Sancho».