El beso y el astronauta

La Razón
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Desde sus comienzos, el sexo ha sido y sigue siendo uno de los recursos más utilizados y eficaces en la publicidad, y no parece que esto vaya a cambiar por mucho que haya nuevos medios, nuevos formatos y todo tipo de nuevos productos y servicios que anunciar. Por supuesto que las fórmulas han ido evolucionando, y ya no parecen ser tan eficaces y habituales los mensajes directos y con enorme carga machista, aunque todavía hay casos donde son significativos, como las fragancias. Pero ahora funciona mejor asociar la temática sexual con el humor y la ironía, e incluso hacer bromas referidas al hombre. Algún ejemplo reciente: el «spot» más comentado y uno de los de mayor éxito en la reciente Superbowl, el gran escaparate de novedades publicitarias de Estados Unidos, es un simple beso en primerísimo plano durante más de 10 segundos entre la espectacular modelo Bar Refaeli y el joven gordito y más bien feucho Jesse Heiman. GoDaddy, una empresa que registra dominios en internet, quiere simbolizar así la unión de «lo sexy y lo inteligente», y aunque lo hace con un planteamiento del machismo más rancio, con chico listo y mujer atractiva, parece haber conseguido despertar la envidia de muchos hombres. La censura de la cadena CBS, que al parecer rechazó emitir alguna versión del «spot» por ser un beso demasiado explícito, también ha ayudado a multiplicar las visitas en YouTube y las redes sociales.

Pero si hay una marca que emplea con éxito el sexo como bandera es Axe, el desodorante para hombres jóvenes a los que asegura entre bromas que si lo usan las chicas se derretirán a su paso. Su nueva campaña internacional promete nada menos que enviar 22 chicos al espacio en 2014 para convertirlos en «héroes» que ligarán más que nadie a su regreso a la tierra. Sólo en los primeros días, 3.149 españoles se han apuntado al concurso para conseguir realizar el viaje espacial, que cuenta como embajador con Buzz Aldrin, el segundo astronauta en pisar la luna. La campaña de Axe Apolo podrá verse en 60 países, lo que demuestra cómo la idea puede funcionar y ser atractiva para los jóvenes de prácticamente todo el mundo. Y es que parece claro que algunos instintos y deseos primarios no han cambiado apenas desde los comienzos de la humanidad, y siguen siendo muy poderosos para vender cualquier producto.