Peligro de muerte

Basta echar un vistazo a la página web de Reporteros sin Fronteras para darnos cuenta de hasta qué punto los periodistas se han convertido en el blanco de todos aquellos que no se sienten demasiado cómodos dentro de la legalidad: dictaduras, paramilitares, cárteles de la droga, grupos terroristas de toda índole, gobiernos pseudodemocráticos...

Las imágenes de la decapitación de los periodistas estadounidenses James Foley y Steven Sotloff no han sido sino la guinda mediática a una serie de ejecuciones contra estos profesionales que se juegan la vida haciendo su trabajo, algo similar a lo que les ocurre a los cooperantes en todo el mundo.

Y esto no sólo ocurre en los países tradicionalmente hostiles a la libertad, como China, Cuba, Irak o Siria, sino que esta situación de peligrosidad a la hora de ejercer la profesión periodística se ha extendido a un sinfín de países azotados por conflictos armados o delincuencia organizada. Sin ir más lejos, la situación que se vive en México o Ucrania convierte también a estos dos países, aunque por distintas razones, en lugares peligrosos para la libertad de prensa.

Sin embargo, quizás la zona más sensible del planeta en estos momentos es aquella en la que los yihadistas más radicales tienen el control, como una parte de Afganistán y la zona de Irak y Siria controlada por el Ejército Islámico de Irak y Levante (ISIS), donde se ha declarado la guerra a los periodistas, ya sean locales o extranjeros.

Además de las ejecuciones de Foley y Sotloff en las últimas semanas, el Observatorio Iraquí de Libertades Periodísticas denunciaba recientemente que el ISIS amenazó públicamente a nueve periodistas, de los que dio el nombre, en las provincias de Mosul y Salahuddin. Los terroristas exigieron que abandonaran sus actividades profesionales y se unieran a las filas del ISIS o de lo contrario serían ejecutados.

Paralelamente, Raad Mohamed Al-Azaoui, un periodista iraquí, fue hecho prisionero por esta organización terrorista el pasado 7 de septiembre y han amenazado con decapitarle. Al-Azaoui, un camarógrafo de Sama Salah Aldeen TV, fue capturado en Samara, al norte de Bagdad. La organización yihadista ha anunciado que tiene previsto cumplir su amenaza de decapitarlo porque el periodista se negó a trabajar para el Estado Islámico.

«Desde su aparición, el Estado Islámico ha hecho de los periodistas un objetivo terrorista», denuncia Virginie Dangles, asistente de investigación de Reporteros Sin Fronteras. «La organización terrorista, en la creación de una maquinaria para el secuestro y ejecución de profesionales de la información, está intentando eliminar a todos aquellos que se niegan a jurar lealtad al ISIS».

Además, desde el mes de agosto existen otros dos periodistas iraquíes secuestrados o desaparecidos - Ahmed Khaled Al-Dlimi, cuya suerte sigue siendo un misterio, y Tarek Salah Shankali-. También permanece secuestrado en Irak el periodista francés Fred Nérac.

En cuanto a Siria, tanto los terroristas yihadistas que controlan una parte del país como el propio gobierno sirio mantienen un pulso por ver quién es más hostil a la labor de los medios de comunicación. Así, hay 13 sirios desaparecidos entre periodistas, blogueros y caricaturistas, y cuatro extranjeros: un mauritano, un jordano, un libanés y un estadounidense, este último colaborador en medios como «The Washington Post» o «Al Jazeera».