El nuevo rostro de la Iglesia: entre dos obispos y un periodista

César Augusto Franco, José María Gil-Tamayo y Ginés García Beltrán
César Augusto Franco, José María Gil-Tamayo y Ginés García Beltrán

Hoy, en torno a las doce de la mañana, se ha resuelto la incógnita: quién será el secretario general de la Conferencia Episcopal Española. Tras diversas quinielas dentro y fuera de los pasillos de Añastro –donde se encuentra la sede del Episcopado Español–, a última hora de la tarde de ayer se dieron a conocer los nombres aceptados por la Comisión Permanente –formado por 23 obispos– tras una reunón «ad hoc». La terna la conformaban dos obispos y un sacerdote: el obispo auxiliar de Madrid, César Franco; el obispo de Guadix-Baza, Ginés Ramón García Beltrán; y el consultor del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, José María Gil Tamayo. Finalmente ha sido éste último el elegido como nuevo secretario general de los obispos.

Se trata de un puesto clave en tanto que las funciones que asume con vista a los próximos cinco años, exigen plena confianza de los obispos, más allá de levantar actas en las reuniones que se mantengan. Así, el secretario general no sólo tiene que ser enlace entre los distintos órganos de la Conferencia y ejercer de correa de transmisión entre quienes trabajan en los departamentos y comisiones que la conforman, sino que debe hacerse eco de los problemas de interés general para la Iglesia en España para comunicárselos a los obispos. Además, en el secretario recae la coordinación con las diferentes diócesis españolas, así como con los episcopados de otros países.

Más allá de estas tareas, el secretario general es además el rostro visible de la Iglesia de nuestro país ante las televisiones, radios y Prensa de nuestro país, junto al presidente de la Conferencia Episcopal. Esto obliga a que, además de las labores de gestión interna, quien sea designado por los obispos conozca tanto el lenguaje de los medios y tenga cierta mano izquierda a la hora de afrontar las múltiples ruedas de prensa en las que tendrá que lidiar con las habituales cuestiones relacionadas con la sociedad, la política y la religión de nuestro país.

Gil-Tamayo, es licenciado en Ciencias de la Información, con una probada experiencia en moverse entre los periodistas. Y es que, no sólo es miembro del principal organismo vaticano relacionado con los medios de comunicación. El sacerdote fue la mano derecha del padreFederico Lombardi, portavoz de la Santa Sede, durante el Cónclave del que salió elegido el cardenal Bergoglio. En Roma se valora su gestión cercana y su buen tino en el trato hacia los corresponsales llegados de todo el planeta, sobre todo teniendo en cuenta la demanda informativa que se generó entre los medios de habla hispana ante el nombramiento, por primera vez en la historia, de un Papa americano. No ser obispo no es óbice para acceder al nuevo cargo, ya que Martínez Camino tampoco lo era cuando fue elegido.