Los cristianos perseguidos unen a católicos y armenios

El Papa y el catholicós firman una declaración en la que piden a la comunidad internacional que escuche a los millones de seres humanos «que esperan con ansia la paz y la justicia»

El Papa Francisco y el catholicós Karekin II, tras participar en la Divina Liturgia en la catedral apostólica armenia de Echmiadzín
El Papa Francisco y el catholicós Karekin II, tras participar en la Divina Liturgia en la catedral apostólica armenia de Echmiadzín

El Papa y el catholicós firman una declaración en la que piden a la comunidad internacional que escuche a los millones de seres humanos «que esperan con ansia la paz y la justicia»

En el último día de la visita del Papa a Armenia, las buenas relaciones entra las dos Iglesias lideradas por Francisco y el Catholicós Karekin II se hicieron de nuevo patentes. Lo más importante de la jornada fue la Declaración conjunta que ambos firmaron en la que condenan con firmeza el fundamentalismo religioso así como el uso de la violencia por cualquier religión. El documento también habla de la unidad y de la preocupación por la crisis de la familia y la secularización.

«Somos por desgracia testigos de una inmensa tragedia que sucede ante nuestros ojos: de innumerables personas inocentes asesinadas, deportadas u obligadas a un doloroso e incierto exilio por continuos conflictos con base ética, política y religiosa en Oriente Medio y en otras partes del mundo», denuncian los dos líderes religiosos en el documento.

Francisco y Karekin II atestiguan que «las minorías étnicas y religiosas se han convertido en el objetivo de persecuciones y de tratamientos crueles, hasta el punto de que tales sufrimientos, por pertenecer a una confesión religiosa, se han transformado en una realidad diaria».

De nuevo, en el texto hablan del «ecumenismo de sangre» que une a todos los cristianos a través de los mártires y aseguran su oración para que se dé «un cambio de corazón en todos aquellos que comenten tales crímenes y en aquellos que se encuentran en condiciones de detener la violencia».

«Imploramos a los jefes de las naciones que escuchen la petición de millones de seres humanos que esperan con ansia paz y justicia en el mundo, que piden el respeto de los derechos dados a ellos por Dios, que tienen necesidad urgente de pan, no de armas», dice el documento.

El texto también denuncia que «por desgracia, asistimos a una presentación de la religión y de los valores religiosos en un mundo fundamentalista, que viene usado para justificar la difusión del odio, de la discriminación y de la violencia». «La justificación de tales crímenes sobre la base de ideas religiosas –dice la declaración conjunta- es inaceptable porque Dios no es un Dios de desorden sino de paz».

En el texto, Francisco y Karekin II piden por tanto «a los fieles de nuestras Iglesias» que abran «sus corazones y sus manos a las víctimas de la guerra y del terrorismo, a los refugiados y a sus familias». «Se puede hacer mucho más por parte de los responsables políticos y la comunidad internacional para asegurar el derecho de todos a vivir en paz y seguridad, para sostener el Estado de Derecho, para proteger las minorías religiosas y étnicas, para combatir el tráfico y el contrabando de seres humanos», manifiestan.

En la última parte, abordan la secularización de la sociedad que está conduciendo «a una visión desacralizada y materialista del hombre y de la familia humana». Y sobre esta última, los dos líderes reconocen estar «preocupados» por la crisis que se sufre en muchos países. «La Iglesia Apostólica Armenia y la Iglesia Católica comparten la misma visión de la familia, basada en el matrimonio, hecho de gratuidad y de amor fiel entre un hombre y una mujer».

Pero en Ereván, capital del país, el Papa Francisco realizó un nuevo llamamiento a trabajar por la unidad de los cristianos al término de la llamada Divina Liturgia que se celebró en la plaza de San Tiridate. En su discurso pidió «que la Iglesia armenia camine en paz y la comunión entre nosotros sea plena», porque las jóvenes generaciones «anhelan un futuro libre de las divisiones del pasado».

En el último día de su viaje, Bergoglio celebró a primera hora de la mañana una misa privada en la capilla del Palacio Apostólico de Etchmiadzin y luego tuvo un encuentro con los 14 obispos católicos del país y un grupo de sacerdotes. En la ceremonia, celebrada con oraciones y cantos solemnes, Francisco manifestó su sentir por la acogida recibida en el país. «Nos hemos encontrado, nos hemos abrazado fraternalmente, hemos rezado juntos y compartido los dones, las esperanzas y las preocupaciones de la Iglesia de Cristo, cuyo corazón oímos latir al unísono, y en la que creemos y sentimos como una».

También esta vez se refirió al genocidio armenio a través del deseo de que «sobre la tierra, por intercesión de la Madre de Dios, de los grandes santos y doctores, de los mártires, sobre todo de tantos mártires que en este lugar han canonizado el año pasado». «Acojamos la llamada de los santos, escuchemos la voz de los humildes y los pobres, de tantas víctimas del odio que sufrieron y sacrificaron sus vidas a causa de su fe; tengamos el oído abierto a las jóvenes generaciones, que anhelan un futuro libre de las divisiones del pasado», añadió.

El Pontífice finalizó con el augurio de la Iglesia Armenia camine en paz, y la comunión entre nosotros sea plena», una unidad que no es «ni sumisión del uno al otro, ni absorción, sino más bien la aceptación de todos los dones que Dios ha dado a cada uno, para manifestar a todo el mundo el gran misterio de la salvación llevada a cabo por Cristo, el Señor, por medio del Espíritu Santo». La celebración fue sellada con la petición del Papa al catholicós para que le bendijera. «Que me bendigas, a mí y a la Iglesia católica, que bendigas esta nuestra andadura hacia la unidad plena», dijo Francisco.

Otro de los gestos de la jornada fue la suelta de dos palomas, que alzaron el vuelo como símbolo de paz empujadas por las manos de Francisco y de Karekin II. Fue un símbolo de la aspiración de reconciliación, pues el lugar desde donde las soltaron, el monasterio de Khor Virap está muy cerca de las clausurada frontera con Turquía.

En ese lugar, además, según la tradición, permaneció encerrado Gregorio I el Iluminador, patrón del país y artífice de su cristianización en el año 301. Desde allí pueden disfrutarse algunas de las mejores vistas del monte Ararat, símbolo de Armenia, pero en territorio turco debido a la pérdida territorial que el país ha sufrido a lo largo del tiempo.

Francisco y Karekin II fueron recibidos por el prior del monasterio, que les condujo hasta el pozo de San Gregorio, donde encendieron una vela en conmemoración del primer apóstol de Armenia. Tras rezar en la capilla adyacente, el patriarca y el pontífice pronunciaron una oración. Finalmente, ambos salieron del edificio y liberaron las citadas palomas.

Este viaje a Armenia contará con un epílogo en tres meses, ya que Francisco tiene previsto regresar al Cáucaso meridional del 30 de septiembre al 2 de octubre, cuando acuda a las vecinas Georgia y Azerbaiyán. Este último país ha estado en la mente del Papa Francisco durante toda su estancia en Armenia, ya que ambos estados mantienen un débil alto el fuego en su conflicto por la soberanía de la región del Nagorno Karabaj.

La liberación de las palomas que realizaron ayer Francisco y Karekin II tiene un significado especial, ya que, según la riquísima tradición de Armenia, fue en el monte Ararat, muy cerca de donde las soltaron, el lugar en el que encalló el Arca de Noé al descender las aguas del diluvio. Una paloma enviada desde esa nave regresó a la embarcación con una rama de olivo. Son los frutos de la paz los que Francisco quiere que se alcancen en Armenia con la vecina Turquía, enfrentados durante un siglo por la matanza de los pueblos armenios.