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El Papa dice basta a los abusos: «Las heridas nunca prescriben»

En una misiva dirigida a los fieles Bergoglio califica de «horror» y «vergüenza» los abusos sexuales cometidos por un «notable» número de curas en Pensilvania, Chile o Irlanda y los tacha de «crímenes»

  • El Papa ha enviado una carta a todos los católicos/Foto: Reuters
    El Papa ha enviado una carta a todos los católicos/Foto: Reuters
Ciudad del Vaticano.

Tiempo de lectura 4 min.

21 de agosto de 2018. 04:50h

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O. González / P. del Corral.  Ciudad del Vaticano. 20/8/2018

En una declaración histórica, Francisco ha querido dejar claro que la Iglesia Católica no tolerará ni un caso más de abusos sexuales. El Papa ha dado la cara y ha puesto en palabras un sentimiento de unión y rechazo que comparten todos los creyentes. Y lo ha hecho sin dar lugar a dudas. A raíz del último escándalo ocurrido en Pensilvania, el Pontífice sacó ayer a la luz una misiva dirigida a los fieles en la que pide perdón una vez más por los «abusos sexuales, de poder y de conciencia» cometidos por «un notable número de clérigos y personas consagradas». Porque el caso que ha hundido la reputación de las diócesis estadounidenses de Allentown, Erie, Greensburg, Harrisburg, Pittsburgh y Scranton no es el único, y por eso Francisco ha decidido afrontar con mano dura y con la convicción de que el problema no desencadenará una crisis de fe. Ahora no solo lo califica de «pecado»; ha alcanzado la categoría de «crimen».

«Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado», indica, y añade que con la vista puesta en el futuro «nunca será poco todo lo que se haga para generar una cultura capaz de evitar que estas situaciones no solo no se repitan, sino que no encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse». En la extensa misiva, que incluye citas del Evangelio, Francisco no rehuye su responsabilidad ni se olvida de las víctimas. «Las heridas nunca prescriben», dice en una clara referencia al informe de 884 páginas de un gran jurado de Pensilvania que acusa de pedofilia a unos 300 curas. La mayoría de los casos no podrán ser juzgados porque los crímenes han prescrito o los señalados han muerto.

Pero Francisco pondrá todo de su parte para intentar enmendar los errores cometidos en el pasado. «Con el correr del tiempo hemos conocido el dolor de muchas de las víctimas y constatamos que las heridas nunca desaparecen y nos obligan a condenar con fuerza estas atrocidades, así como a unir esfuerzos para erradicar esta cultura de la muerte», subraya. A su vez, el Papa también pone en valor la valentía de los que se han atrevido a alzar la voz para relatar el horror que vivieron en su juventud: «Su grito fue más fuerte que todas las medidas que lo intentaron silenciar o, incluso, que pretendieron resolverlo con decisiones que aumentaron la gravedad cayendo en la complicidad».

Francisco tampoco oculta que la conducta impropia de estos clérigos es contraria a las enseñanzas que los hombres de fe predican en la Eucaristía: «Sentimos vergüenza cuando constatamos que nuestro estilo de vida ha desmentido y desmiente lo que recitamos con nuestra voz». Y es precisamente «vergüenza» una de las palabras que el Santo Padre más repite en la carta: «Con vergüenza y arrepentimiento asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que estaba causando en tantas vidas». También se dirige de una forma especial a los niños de aquella época, ahora ya adultos, y asume que la Santa Sede se olvidó de uno de los sectores más vulnerables y que más merece ser respetado: «Hemos descuidado y abandonado a los pequeños».

Bergoglio es sin duda la cara visible de la cruzada de la Iglesia contra los abusos sexuales, pero en realidad la lucha viene de tiempos del Papa Benedicto XVI. De él también se acuerda en el texto parafraseando una parte de su sermón en el Vía Crucis de 2005: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! La traición de los discípulos, la recepción indigna de su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le traspasa el corazón», dijo entonces Ratzinger.

Un esfuerzo de todos

Para llevar a cabo esta «limpia» en el seno de la Iglesia Católica, Bergoglio pide la colaboración de toda la comunidad religiosa. «La magnitud y gravedad de los hechos exige asumir este hecho de manera global y comunitaria». De esta forma, el Papa invita a «asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu»: «Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura» para así crear un ambiente de confianza en el que las víctimas «puedan encontrar una mano tendida que las proteja y rescate de su dolor».

Aunque el Pontífice no abandona el tono duro y firme en ningún punto de la misiva, sí dedica unas palabras a valorar los esfuerzos que se han hecho en el mundo para tratar que estas situaciones no se repitan. «Nos hemos demorado en aplicar estas acciones y sanciones tan necesarias, pero confío en que ayudarán a garantizar una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro», apostilla. Por eso también destaca la implementación de políticas de «tolerancia cero» y de «modos de rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos».

El escándalo de Pensilvania es solo una parte del problema que Francisco ha intentado frenar desde que se puso el anillo del Pescador hace más de cinco años. La pederastia también ha salpicado al clero de Estados Unidos, Irlanda o Chile. «Es significativo que el Papa se refiera a los abusos como un crimen, no solo como un pecado, y que pida perdón y que sea consciente de que todo lo que se haga no servirá para reparar el daño hecho a las víctimas», dijo ayer Greg Burke, el portavoz del Vaticano.

La Corte Suprema del Estado de Pensilvania ha detallado que la mayoría de las miles de víctimas son hombres preadolescentes y adolescentes. No se descarta que la cifra siga aumentando.

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