Lydia jiménez: «Tenía un halo de santidad»

Directora General de la Universidad Católica de Ávila

Bergoglio (centro), en su visita de 2006 junto a Lydia Jiménez y Martínez Camino
Bergoglio (centro), en su visita de 2006 junto a Lydia Jiménez y Martínez Camino

El flamante Papa es un viejo conocido de España, país que ha visitado en varias ocasiones. A sus visitas a Alcalá de Henares (Madrid) entre 1970 y 1971, y la misa que presidió en Valencia en julio de 2006, hay que sumar los días que pasó en Madrid en enero de 2006, invitado por la Conferencia Episcopal para impartir unos ejercicios espirituales a los obispos. Entonces se alojó durante cuatro días en la Residencia Universitaria Rovacías, del Instituto Cruzadas de Santa María, en la calle Juan de Mena. «Recuerdo que nos impresionaron su sencillez, su humildad y su trato cercano, utilizando siempre un lenguaje muy actual», cuenta Lydia Jiménez, directora general de la institución y presidenta del consejo directivo de la Universidad Católica de Ávila, que además asistió a una de sus homilías. «Nos insistió en la necesidad de vivir en profunda unidad. ''Cuando hay unidad se pueden hacer grandes cosas'', dijo», recuerda con emoción Jiménez. Esos días, Bergoglio compartió estancia en la residencia con Juan Antonio Martínez Camino –secretario general de la Conferencia Episcopal Española–, que por aquel entonces aún no era siquiera obispo. Respecto a su actividad durante esos días, el ahora Pontífice pasaba la mayor parte del día tranquilo, rezando en la capilla, aunque también participó en una tertulia con los miembros del Instituto. «Se notaba que tenía un profundo conocimiento de la vida consagrada dentro de la Iglesia», explica Jiménez. Aunque varias veces compartió mesa y mantel con Francisco, no recuerda nada especial respecto a sus gustos culinarios. «Comía poquito». Nunca hubiese imaginado que aquel que tenía ante sí iba a convertirse siete años después en el máximo representante de la Iglesia católica. «Para el Espíritu Santo todo es posible, siempre nos da grandes sorpresas». No obstante, sí tiene claro que el argentino era alguien especial. «Era una persona sobresaliente en todo y que producía profunda admiración. Tenía un halo de santidad, se veía que era una persona fuera de lo común», afirma la responsable del Instituto Cruzadas de Santa María.