Ricardo Blázquez: «Estas jornadas son una fábrica de esperanza»

Ricardo Blázquez / Cardenal Arzobispo

La Razón
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Ricardo Blázquez, cardenal arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal encabeza la delegación española de la JMJ. Allí, ayer, se reunió con periodistas, a los que mostró su preocupación por la situación política de nuestro país e instó a los partidos a llegar a cuerdos, pues «se lo deben a la sociedad». Luego atendió a LA RAZÓN para hablar sobre las jornadas de Cracovia.

–¿Cómo están viviendo los jóvenes españoles esta JMJ?

–En un sentido, es la actualización del mismo ambiente que en otras Jornadas Mundiales de la Juventud hemos experimendo. Tienen capacidad de aguante, de sacrificio, de horas de caminar, de dormir en duro, de comer lo que se puede y cuando se puede. Y en medio de todo esto, un gozo, una esperanza que siempre me ha llamado la atención.

–¿Destacaría algo en particular?

–Sí. La evocación del Papa Juan Pablo II, que está presente siempre. Es una evocación agradecida, pues donde estamos fue su diócesis, donde se ordenó presbítero. Aquí fue pastor de la Iglesia. Además, a pocos kilómetros de aquí, en Czestochowa, se celebro en 1991 la JMJ, como antes se había hecho en Santiago de Compostela. Y ya estamos en la número 32. Juan Pablo II fue Papa durante 27 años y hoy es santo. Me viene a la mente ahora la visita que hemos realizado al Santuario de Juan Pablo II, de gran belleza tanto en la arquitectura como en la ornamentación del padre Rupnik. La presencia del Papa polaco sigue muy viva y está muy presente. Le debemos la creación, la inicación de estas Jornadas, una iniciativa providencial, de larguísimo alcance. Muchos jóvenes han participado y encontrado aquí el camino cristiano, y humano, de su vida.

–Y una vez concluya este evento de Cracovia, ¿qué?

– Una JMJ es un acontecimiento fuerte, de varios días, preparado durante años y que esperamos tenga continuidad. Antes de venir, tuvimos una celebración de envío y, a la vuelta, ya nos hemos citado para otra, esta vez de acción de gracias. Hablo de Valladolid, de donde han venido muchos jóvenes. Ahora bien, una vez termine, queremos continuar, que esto sea un fermento que no deje de actuar en la masa. Es una manifestación espléndida de hasta donde llegan los jóvenes en el camino de la fe. En realidad, estas jornadas son una fábrica de esperanza».