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En estas casas, los niños prefieren no salir a la calle: “Aún no es seguro”

Tras la relajación del confinamiento, hay familias que no quieren echar por tierra todos los esfuerzos que ya han hecho para evitar que el COVID-19 entre en sus vidas

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La hija de Diego lleva esperando siete semanas para volver a la calle. En su cabeza rondaba aquella imagen de amigos, parques y bicicletas que tanto quería recuperar. Pensaba que, cuando finalmente se permitiese, sería porque ya todo estaría controlado y se habría impuesto de nuevo la normalidad. Por eso, cuando se enteró de que las salidas serían limitadas en tiempo y forma, cambió tajantemente su opinión. “Si hacen eso es porque aún no es muy seguro salir”, le dijo Alba a su padre. Tiene nueve años, pero a pesar de su corta de edad ha sido capaz de ponderar la situación y darse cuenta que, por el momento, ella prefiere quedarse en casa. No quiere echar por tierra todos los esfuerzos que ya ha hecho para evitar que el COVID-19 entre en su familia. Ha conseguido acomodarse perfectamente al confinamiento y, aunque haya días que se hacen un poco más largos que otros, hará todo lo posible por mantenerlo hasta que finalmente pueda reencontrarse de verdad con la Barcelona que dejó en pausa el pasado 14 de marzo.

Su vivienda no tiene ni terraza ni balcón y apenas supera los 80 metros cuadrados. Sin embargo, esta pequeña ha encontrado entre su habitación y el salón un oasis en el que resguardarse con todas las garantías. “No hemos notado ningún cambio de actitud en ella. Sigue siendo la misma”, subraya Diego. “Sabe que hay un virus que está enfermando a mucha gente y que hay que tener unas buenas medidas de higiene. Es cierto que alguna vez nos ha preguntado cuándo va a regresar al colegio o va a visitar a los abuelos, pero nada más”. En ese sentido, juega un papel fundamental las referencias que tenga a diario: si sus padres sólo salen a comprar cuando es necesario, no hablan en un sentido catastrofista de esta crisis sanitaria y relativizan la necesidad de permanecer encerrados, ella también lo hará.

Para la psicóloga infantil Ángela Sánchez, no hay que darle mayor importancia a que algunos niños no sientan esa necesidad imperiosa de pasear, corretear o saltar al aire libre: “Es totalmente normal. Se acoplan increíblemente a cualquier contexto. Lo que ha pasado es que el mensaje que nos han mandado de las instituciones han calado mucho en ellos: no se puede salir hasta que la pandemia esté controlada. Ellos lo han entendido y han adaptado su vida con mucha naturalidad”. No obstante, si bien Alba ha escogido la opción de resguardarse aún, también lo que es está deseando volver a la rutina. “Claro, una cosa no quita la otra. Cada peque ha adoptado una postura diferente frente al mismo problema, pero todos quieren volver a recuperar la normalidad lo antes posible”, añade Sánchez. De ahí que lo más importante sea darles el espacio y el tiempo que precisen para volver a modificar sus hábitos y retomar, con calma, sus actividades de siempre. Sin ningún miedo. Y con mucha empatía.

Mencía y Carlota de Ciudad Real no saldrán de momento a la calle
Mencía y Carlota de Ciudad Real no saldrán de momento a la calleLa RazónLa Razón

Eso es, precisamente, lo que María siempre le ha transmitido a sus hijas. Ellos viven en Ciudad Real, una de las provincias castellanomanchegas más castigadas por el coronavirus. Según los últimos datos publicados, acumula más del 40% de los fallecimientos en toda la comunidad autónoma. Y eso, en otras cosas, ha provocado que muchas familias no vean con buenos ojos esta relajación puntual del confinamiento. “Dejar que los niños salgan a la calle transmite una sensación de que todo va bien, lo que puede arruinar los sacrificios que hemos realizado”, explica esta madre que, desde el primer momento, ha querido ser un ejemplo para Carlota y Mencía. “Durante este tiempo, yo no he salido para nada. Esa era nuestra principal responsabilidad y se la teníamos que inculcar”.

Como Alba, estas dos niñas han aprovechado el tiempo de encierro para desarrollar su creatividad y aprender nuevas cosas. “Hemos intentado que el ambiente sea lo más agradable posible para ellas, aún teniendo en cuenta las dificultades que tenemos”. Tanto María como su marido son profesores de instituto, por lo que al mismo tiempo que atienden a sus hijas también los hacen con sus alumnos. Pero eso no ha supuesto ningún problema, pues Carlota y Mencía cuentan con una rutina que las mantiene activas durante todo el día. “También es importante dejarles su espacio. No queremos causarles ningún estrés: tienen sus ratitos de juego, de estudio, de cine… En ese sentido, ellos se adaptan mejor que muchos adultos. No hay que infravalorarles, ellos son especialmente responsables y plásticos”. De ahí que, cuando se enteraron de la posibilidad de volver a salir, lo primero que hicieron fue preguntar a sus padres. “Les contestamos que nosotros vamos a esperar un poco más y lo entendieron perfectamente”.